
La nieve puede ser un espectáculo maravilloso. Diferentes geografías cubiertas por un manto blanco son imágenes que llaman la atención. Ahora bien: ¿qué pasaría si ese manto, en lugar de ser blanco, se tiñera de otros colores? Esto ocurrió y aún ocurre en varias latitudes del planeta: la nieve toma una coloración rosada o anaranjada gracias a la presencia de microalgas. Científicos de Alemania y de la República Checa estudiaron muestras tomadas de nieves coloridas en diversas latitudes y concluyeron que su tono se debía a un linaje de microalgas conocido como Chlamydomonadaceae, cuyas células esféricas son de color rojizo. Los resultados se publicaron en un artículo de la revista FEMS Microbiology and Ecology. Desde la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes referimos cuáles son las consecuencias en el ambiente.
Los científicos a cargo del artículo determinaron gracias a técnicas como la microscopía electrónica y estudios con marcadores moleculares la presencia de estos microorganismos en muestras de nieves coloreadas. Lograron describir dos especies: Sanguina nivaloides y Sanguina aurantia, ambas pertenecientes al linaje Chlamydomonadaceae. La primera tiñe la nieve de un color rosado, mientras que aurantia le da un tono más anaranjado. Aunque son especies muy parecidas, presentan diferencias en cuanto a su tamaño celular, pigmentación y distribución geográfica.
Sanguina nivaloides se distribuye en todo el planeta. Los especialistas incluso reportaron su presencia en muestras de la Patagonia. Las microalgas encontradas en el sur de Argentina son similares a las que se dan en la Antártida. Los científicos postulan que esto se debía a corredores atmosféricos entre Tierra del Fuego y el continente helado; esto es, se debía a corredores que son zonas estrechas y alargadas de la atmósfera por donde se transportan grandes cantidades de aire, humedad y partículas. Sanguina aurantia, por su parte, se ubica en zonas de deshielo; ya fue hallada principalmente en zonas frías del hemisferio norte.
El color rojo de las microalgas se debe a la presencia de astaxantina, una sustancia conocida como carotenoide secundario. La astaxantina no está allí para brindar paisajes curiosos, sino que la microalga la usa como protección frente a la radiación intensa, ya que es capaz de absorberla y evitar que afecte al microorganismo.
Sin embargo, la astaxantina no es inocua ya que las altas concentraciones de este compuesto hacen que la nieve se derrita más rápido. La presencia de mayor cantidad de agua facilita, a su vez, la aparición de mas microalgas. Los investigadores explican también que el cambio climático favorece la aparición de estos brotes coloridos que terminan por modificar el ambiente.
Tanto Sanguina nivaloides como Sanguina aurantia viven en condiciones extremas. Crecen en campos de nieve, ambientes polares y permafrost, que es la capa de suelo que lleva congelada miles de años. Cuando la nieve desaparece, las microalgas no lo hacen y forman quistes que sobreviven al verano.
Aunque a simple vista el paisaje luce como un espectáculo de la naturaleza, esconde consecuencias nocivas para el ambiente. Como dice el refrán: no todo lo que brilla es oro.

