
Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Luisiana, Estados Unidos, revela que el tamaño de los animales marinos podría cambiar para 2100 debido al calentamiento de los océanos. Puntualmente, el trabajo se centra en los moluscos —como las almejas, ostras, calamares y pulpos— y plantea que el tamaño corporal tendería a reducirse en buena parte de los grupos y regiones analizados hacia finales de siglo, aunque algunos también podrían aumentar. Estas alteraciones, a su vez, podrían afectar el funcionamiento de los ecosistemas marinos globales al modificar el secuestro de carbono, el ciclo de nutrientes y el suministro de alimentos para los seres humanos.
Múltiples estudios advierten que el calentamiento global podría provocar una disminución generalizada del tamaño corporal de los animales. Sin embargo, los investigadores de la Universidad de Luisiana señalan que la evidencia disponible todavía es ambigua y pusieron el foco en cómo podría cambiar el tamaño de los moluscos marinos para 2100 en distintas regiones oceánicas.
Para ello, analizaron más de 23 mil especies de moluscos distribuidas en cinco grupos —bivalvos, gasterópodos, cefalópodos, poliplacóforos y escafópodos— y utilizaron más de 2,79 millones de registros para examinar cómo la temperatura, la disponibilidad de oxígeno y la productividad oceánica se relacionaban con el tamaño corporal. Luego, proyectaron estas relaciones hasta finales de siglo en diez cuencas oceánicas bajo escenarios de altas y bajas emisiones de gases de efecto invernadero.
Los resultados muestran que los cambios en el tamaño de los moluscos no serán uniformes. En un escenario de altas emisiones de gases de efecto invernadero, se proyectó una reducción significativa del tamaño corporal en 34 de las 50 combinaciones entre grupos de moluscos y cuencas oceánicas analizadas, es decir, en el 68 por ciento de los casos.
A su vez, en ese mismo escenario, se prevé que algunos grupos, como los cefalópodos —que incluyen calamares y pulpos— y los escafópodos, conocidos como conchas de colmillo, aumenten significativamente su longitud en el océano Ártico. Estas diferencias se deben tanto a las características geográficas de cada región como a las particularidades biológicas de los animales.
Por ejemplo, los cefalópodos tienen una alta demanda de oxígeno, pero cuentan con sistemas circulatorios eficientes y ciclos de vida rápidos que podrían permitirles mantener o aumentar su tamaño en determinadas condiciones de calentamiento. En cambio, los grupos que construyen conchas de gran grosor, como los bivalvos, serían más vulnerables a la reducción de su tamaño corporal.
Además, una misma especie podría responder de manera diferente según la región en la que habite. Esto se debe a que las condiciones de los océanos no cambiarán de forma uniforme: mientras algunas zonas podrían experimentar un mayor calentamiento o una pérdida de oxígeno, otras podrían presentar modificaciones diferentes en la disponibilidad de nutrientes y alimentos.
En diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la UNQ, Luis Cappozzo, biólogo marino e investigador del Conicet, explica: “El cambio de tamaño de las especies es consecuencia del estrés metabólico que genera la alteración de las variables ambientales y físicas del océano, como el aumento de la temperatura, el incremento del pH o el cambio de la salinidad. También se generan cambios en la distribución de los cardúmenes de invertebrados marinos que se desplazan hacia los polos en busca de aguas más frías”.
Y continúa: “Esto, a su vez, trae cambios en el comportamiento de las flotas pesqueras, modificaciones en la biodiversidad marino costera y, además, amenazan a nivel global al 60 por ciento de los arrecifes de coral, que presentan signos de degradación de difícil reversión”.
Consecuencias globales
La reducción o el aumento del tamaño de los moluscos no impacta solo a estos organismos, sino que también, dicta el paper, “pueden amenazar servicios ecosistémicos críticos (secuestro de carbono, ciclo de nutrientes y suministro de alimentos para los humanos), con implicaciones para el funcionamiento y los servicios de los ecosistemas marinos globales”. Sin embargo, Cappozzo propone mirar estas consecuencias desde una perspectiva que vaya más allá de la utilidad que los ecosistemas tienen para las personas.
En ese sentido, cuestiona el concepto de “servicios ecosistémicos” porque considera que reduce la biodiversidad a una función exclusivamente utilitaria y, en su lugar, plantea la necesidad de fortalecer políticas de Estado que garanticen la conservación de los ecosistemas marinos para las generaciones futuras a partir de la legislación y del conocimiento científico disponible.

