Investigadores argentinos advierten que el cambio climático podría provocar más de 450 mil muertes prematuras cada año

Las altas temperaturas y la inactividad física constituyen un factor de riesgo clave que se traduce en enfermedades cardiovasculares, diabetes y cáncer.

Christian García-Witulski y Mariano Rabassa, investigadores de la UCA. Créditos: Universidad Católica Argentina.
Christian García-Witulski y Mariano Rabassa, investigadores de la UCA. Créditos: Universidad Católica Argentina.
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Dos investigadores de la Universidad Católica Argentina (UCA) advierten que las altas temperaturas y la inactividad física podrían provocar hacia 2050 entre 470 mil y 700 mil muertes prematuras adicionales por año. En este caso, no se trata de fallecimientos de bebés, sino de personas adultas cuya defunción se daría entre los 39 y los 65 años. Aunque la OMS recomienda 75 minutos de actividad física vigorosa o 150 minutos de actividad física moderada cada semana, se estima que un tercio de la población mundial no cumple con ese requisito. Peor aún, el calor cada vez más intenso hace que la gente limite todavía más la práctica de algún deporte o la realización de ejercicios. Por lo tanto, este combo provocado por el cambio climático implica un factor de riesgo que explica los decesos a partir de la suba de las enfermedades cardiovasculares y mentales, diabetes y cáncer. El estudio fue publicado en The Lancet Global Health, una de las revistas más prestigiosas del mundo vinculadas a la ciencia y la salud. 

Para llevar adelante el trabajo, Christian García-Witulski y Mariano Rabassa analizaron con diferentes bases de datos lo que sucede en 156 países. A través de la información recolectada, simularon lo que podría pasar en las próximas décadas. En este aspecto, los investigadores detectaron que cada mes que se registra una temperatura media mayor a 27,8 grados, aumenta 1,44 puntos porcentuales la inactividad física. Es decir, cuanto más calor hace, menos ejercicio hacen las personas. 

Pese a que el problema se da en todo el mundo, su impacto es diferente en cada región. En diálogo, García-Witulski sostiene: “La única forma de explorar esa heterogeneidad es dividir en naciones que son de ingresos bajos, medios y altos. Lo que vimos es que no teníamos grandes efectos de la temperatura sobre la inactividad para los de ingresos altos, y que en cambio teníamos un efecto más grande para los de ingresos medios y bajos”. 

Según el artículo, en los países de renta media y baja, la inactividad física aumentará 1,85 puntos porcentuales debido al calor sostenido. En parte, esto se debe a que tienen menos lugares climatizados para realizar actividad física, y a su vez tienen más dificultades para pagarlos. De este modo, Centroamérica, el Caribe, el este del África subsahariana y el sureste asiático ecuatorial serán las regiones donde mayor impacto tendrá este fenómeno, ya que se trata de naciones pobres donde cada vez se registrarán temperaturas más altas.

Rabassa explica: “Los países más ricos, naturalmente, cuentan con más recursos para poder adaptarse. Aunque la desigualdad da bronca, también habilita una mirada optimista: si nos desarrollamos, vamos a poder adaptarnos de la misma manera que hacen los países que cuentan con más recursos”. 

No obstante, esto no implica que los países más ricos estén a salvo y no deban preocuparse, ya que los impactos del cambio climático no distinguen latitudes ni estadísticas de desarrollo. “Si en el futuro el calentamiento no se frena, va a llegar un momento en que los efectos llegarán a todos. Es imposible adaptarse a 60 grados. Si no mitigamos, no sabemos lo que va a pasar en el futuro”, agrega Rabassa. 

Aunque la muerte de cientos de miles de personas por el calentamiento global ya es un llamado a la acción, hay otra dimensión que también debe ser tenida en cuenta para mitigar los efectos del cambio climático. En este sentido, los investigadores destacan en el estudio que la inactividad física provocada por el calor también amenaza la producción económica.

“La disminución de la fuerza muscular, el deterioro cognitivo y la mala calidad del sueño se traducen en un menor rendimiento laboral y un mayor ausentismo”, subraya el artículo publicado en The Lancet Global Health. Así, se estima que para 2050 podría haber pérdidas de productividad anuales de entre 2400 y 3680 millones de dólares.


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