
Para llevar adelante el trabajo, Christian García-Witulski y Mariano Rabassa analizaron con diferentes bases de datos lo que sucede en 156 países. A través de la información recolectada, simularon lo que podría pasar en las próximas décadas. En este aspecto, los investigadores detectaron que cada mes que se registra una temperatura media mayor a 27,8 grados, aumenta 1,44 puntos porcentuales la inactividad física. Es decir, cuanto más calor hace, menos ejercicio hacen las personas.
Pese a que el problema se da en todo el mundo, su impacto es diferente en cada región. En diálogo, García-Witulski sostiene: “La única forma de explorar esa heterogeneidad es dividir en naciones que son de ingresos bajos, medios y altos. Lo que vimos es que no teníamos grandes efectos de la temperatura sobre la inactividad para los de ingresos altos, y que en cambio teníamos un efecto más grande para los de ingresos medios y bajos”.
Según el artículo, en los países de renta media y baja, la inactividad física aumentará 1,85 puntos porcentuales debido al calor sostenido. En parte, esto se debe a que tienen menos lugares climatizados para realizar actividad física, y a su vez tienen más dificultades para pagarlos. De este modo, Centroamérica, el Caribe, el este del África subsahariana y el sureste asiático ecuatorial serán las regiones donde mayor impacto tendrá este fenómeno, ya que se trata de naciones pobres donde cada vez se registrarán temperaturas más altas.
Rabassa explica: “Los países más ricos, naturalmente, cuentan con más recursos para poder adaptarse. Aunque la desigualdad da bronca, también habilita una mirada optimista: si nos desarrollamos, vamos a poder adaptarnos de la misma manera que hacen los países que cuentan con más recursos”.
No obstante, esto no implica que los países más ricos estén a salvo y no deban preocuparse, ya que los impactos del cambio climático no distinguen latitudes ni estadísticas de desarrollo. “Si en el futuro el calentamiento no se frena, va a llegar un momento en que los efectos llegarán a todos. Es imposible adaptarse a 60 grados. Si no mitigamos, no sabemos lo que va a pasar en el futuro”, agrega Rabassa.

