
Natalia Tonti, secretaria del Centro Argentino de Meteorólogos (CAM), explica: “Desde hace unos meses, estamos atravesando El Niño, que es un fenómeno climático que se da en función de la temperatura del Océano Pacífico central. Cuando la temperatura del Océano en esa zona es mayor de lo normal, se dice que estamos en la fase ‘Niño’, cuando es menor, estamos en la fase ‘Niña’, y cuando estamos dentro de los parámetros normales, se lo denomina fase neutra”.
Estos fenómenos tienen efectos en el clima en distintas partes del mundo y en esta región provoca, generalmente, más lluvias. En la actualidad, describe Tonti, Argentina atraviesa la fase ‘El Niño’ por lo que la dinámica de la circulación atmosférica permite que haya más humedad, lo que a su vez favorece la formación de nubosidad.
El meteorólogo Juan Augusto Díaz detalla que, a partir de este fenómeno climático, además de la humedad, persisten las condiciones de anticiclón. “Estas son condiciones de alta presión que generan vientos leves y, encima, ese poco viento proviene del este, noreste o sureste. Entonces, trae la humedad del río y esa es la que perdura en la zona del Gran Buenos Aires y hace que se mantenga la nubosidad durante varios días”, desmenuza Díaz.
El meteorólogo sostiene que, generalmente, para que cambie esta condición se debe dar lo que se conoce como frente frío, es decir, una masa de aire frío y seco que avance y reemplace a la de aire cálido. “Una tormenta, por ejemplo, puede dejar una masa más fría que limpie el cielo. Eso es lo que nos faltó este invierno”, manifiesta. La consecuencia de tener un cielo mayormente nublado es que la atmósfera no logra calentarse y hay menos amplitud térmica, es decir, la diferencia entre la máxima y la mínima es poca y tienden a descender.

