¿Nublado hasta cuándo?: científicos explican por qué cuesta tener días soleados

Especialistas cuentan que, entre otros factores, el gran responsable es El Niño. Según proyecciones, esta situación podría durar hasta octubre.

Créditos: Infobae.
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Durante julio, hubo más de 20 días de cielo cubierto en Buenos Aires y gran parte del país, y agosto continuó la tendencia. Algunos en las redes sociales lo atribuyen a la muerte del Indio Solari y otros a la derrota en la final del Mundial 2026. En esta nota, la Agencia de Noticias Científicas de la UNQ dialogó con especialistas sobre cuál es la explicación que tiene la ciencia para este fenómeno y cómo puede afectar al estado de ánimo.

Natalia Tonti, secretaria del Centro Argentino de Meteorólogos (CAM), explica: “Desde hace unos meses, estamos atravesando El Niño, que es un fenómeno climático que se da en función de la temperatura del Océano Pacífico central. Cuando la temperatura del Océano en esa zona es mayor de lo normal, se dice que estamos en la fase ‘Niño’, cuando es menor, estamos en la fase ‘Niña’, y cuando estamos dentro de los parámetros normales, se lo denomina fase neutra”.

Estos fenómenos tienen efectos en el clima en distintas partes del mundo y en esta región provoca, generalmente, más lluvias. En la actualidad, describe Tonti, Argentina atraviesa la fase ‘El Niño’ por lo que la dinámica de la circulación atmosférica permite que haya más humedad, lo que a su vez favorece la formación de nubosidad. 

El meteorólogo Juan Augusto Díaz detalla que, a partir de este fenómeno climático, además de la humedad, persisten las condiciones de anticiclón. “Estas son condiciones de alta presión que generan vientos leves y, encima, ese poco viento proviene del este, noreste o sureste. Entonces, trae la humedad del río y esa es la que perdura en la zona del Gran Buenos Aires y hace que se mantenga la nubosidad durante varios días”, desmenuza Díaz.

El meteorólogo sostiene que, generalmente, para que cambie esta condición se debe dar lo que se conoce como frente frío, es decir, una masa de aire frío y seco que avance y reemplace a la de aire cálido. “Una tormenta, por ejemplo, puede dejar una masa más fría que limpie el cielo. Eso es lo que nos faltó este invierno”, manifiesta. La consecuencia de tener un cielo mayormente nublado es que la atmósfera no logra calentarse y hay menos amplitud térmica, es decir, la diferencia entre la máxima y la mínima es poca y tienden a descender.

Para los próximos meses, el Servicio Meteorológico Nacional advirtió que se proyecta que El Niño se intensifique. Esto se traduce en lluvias normales o superior a lo normal. Díaz define: “Se esperan más precipitaciones, lo que puede provocar más caudal en ríos, tierras más saturadas, probables anegamientos y elevación de las napas. Ante eso, se empieza a generar un estrés hídrico que con una tormenta fuerte puede provocar alguna inundación”. De todas maneras, aclara, es una proyección pero aún no es un pronóstico.


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