
Existen cientos de géneros de cianobacterias y la mayoría produce tres toxinas peligrosas: dermotoxinas, que generan irritación en la piel y las mucosas, hepatotoxinas, que atacan al hígado y los riñones, y neurotoxinas, que complican al sistema nervioso y son las más peligrosas. Por eso, en épocas de sobrepoblación, su ingesta o contacto puede generar ardor, irritación de mucosas, náuseas. Sin embargo, en algunas personas puede ocasionar malestar digestivo, vómitos, diarrea, alergias y mareos. Incluso, los efectos pueden llegar a hemorragias hepáticas, insuficiencia renal e insuficiencia respiratoria.
A simple vista, el peligro de las floraciones pasa por el contacto con el agua. En este aspecto, no se recomienda comer pescado de las zonas con sobrepoblación de cianobacterias ni hacer actividades como natación, pesca deportiva y deportes acuáticos. No obstante, la contaminación también puede surgir por la ingesta de agua o arena (en el caso de los niños y las mascotas) y por la inhalación de spray en los días de viento.
Para informar a la población, la Subsecretaría de Recursos Hídricos de la Provincia de Buenos Aires desarrolló un “Cianosemáforo” con verde, amarillo, naranja y rojo, que cuenta con la participación activa de 51 municipios. Mientras que en el primer caso no hay peligro, luego las alertas van desde riesgo bajo hasta riesgo alto.
Aunque en verde y amarillo se puede nadar, en naranja y rojo se prohibe ingresar al agua, consumir alimentos provenientes de allí y estar en contacto con la arena de la costa. En estos casos, los balnearios deben contar con banderas sanitarias de advertencia. Por el momento, los 17 municipios que se encuentran en alerta naranja son Alberti, Avellaneda, Benito Juárez, Balcarce, Chacabuco, Chascomús, Colón, General Pinto, General Madariaga, Junín, Lezama, Lobos, Monte Hermoso, Roque Pérez, San Miguel del Monte, Trenque Lauquen y 25 de Mayo.
¿De quién es la culpa?
Cada vez es más frecuente ver y escuchar que hay sobrepoblación de cianobacterias en diferentes zonas. El calentamiento global, que aumenta la temperatura del agua, y su estancamiento favorecen la floración en primavera y verano. Aun así, hay un tercer factor que todavía tiene más peso y que explica este fenómeno incluso en invierno: la actividad agrícola y ganadera.
En diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes, la investigadora y docente de la UNQ, Andrea Guillade, señala: “El problema principal se encuentra en el empleo desmedido de fertilizantes para el agro y la ganadería que utilizan fosfatos y nitratos, dos químicos que se utilizan para el crecimiento de las plantas, pero que en exceso contaminan el agua”.

