
La temperatura que fue detectada el sábado 21 de agosto superó el récord anterior establecido en marzo de 2024, que era de 21,09 °C. A la vez, también superó el valor máximo anterior registrado en agosto, que fue de 20,98 °C en 2023. Lo llamativo de este dato no es solo que se trata del número más alto alguna vez conocido, sino que históricamente el calentamiento de los océanos suele ser entre marzo y abril, tras el verano del hemisferio sur. Sin embargo, esta vez sucedió en agosto y esto se debe a que dos procesos suceden en simultáneo: El Niño y el contexto climático.
Desde hace unos meses tomó lugar el fenómeno climático conocido como El Niño, que consiste en el calentamiento del agua superficial del Océano Pacífico Central y que hace que el agua cálida se mueva desde la parte asiática hasta la parte americana. Entre las consecuencias posibles está el aumento de las olas de calor, las sequías, tormentas severas y otros fenómenos extremos en diferentes lugares del planeta.

Si bien El Niño es natural, intensifica el calentamiento de un océano que se calienta desde hace décadas como consecuencia del cambio climático. De hecho, según la Organización Meteorológica Mundial, se prevé que este fenómeno se fortalezca durante los próximos meses, mientras que el Servicio de Cambio Climático de Copernicus sugiere que podría alcanzar niveles no vistos en varias décadas.
Además, el Pacífico junto con el resto de los océanos, generan el 50 por ciento del oxígeno, a la vez que absorben en total el 30 por ciento de las emisiones de dióxido de carbono y capturan el 90 por ciento del calor residual generado por estas emisiones. Así, si bien es cierto que los océanos son fundamentales para reducir las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y estabilizar el clima de la Tierra, también eso ha afectado su salud.
Según el Servicio de Cambio Climático de Copernicus, un océano más cálido contribuye al aumento del nivel del mar debido a la expansión térmica, lo que incrementa los riesgos para las comunidades costeras y las naciones insulares de baja altitud. Las temperaturas más altas también aumentan la probabilidad y la intensidad de las olas de calor marinas, que pueden dañar ecosistemas clave, como los arrecifes de coral y las praderas marinas, lo que a su vez altera las redes tróficas marinas y las industrias como la pesca y la acuicultura.
Las temperaturas oceánicas elevadas también aumentan el potencial de fenómenos meteorológicos extremos. Al ser más cálido, un océano transfiere más calor y humedad a la atmósfera, lo que puede intensificar las precipitaciones y algunos sistemas de tormentas. Además, absorbe menos dióxido de carbono de la atmósfera, lo que significa que dejaría de ser uno de los amortiguadores naturales más importantes del planeta contra el cambio climático.
La salud oceánica en peligro
Los datos que proporciona el Servicio de Cambio Climático de Copernicus son una prueba más de que los océanos se calientan y esto podría afectar la salud de los ecosistemas marinos y de las poblaciones costeras. Otros estudios también analizan qué otros factores pueden afectar la salud oceánica.
Por ejemplo, el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero no solo calienta el agua de mar sino que la acidifica. Un estudio liderado por el Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona reveló que la degradación de plásticos disminuye hasta 0,5 unidades el pH del mar. Al descomponerse, los plásticos liberan ácidos orgánicos y dióxido de carbono (CO2) que contribuyen a la acidificación de los océanos. El problema es que muchas especies están adaptadas a tener un pH levemente alcalino y, si esto disminuye, se modifica el ecosistema y hay organismos que no son tolerantes a un cambio de este tipo.
Asimismo, un reporte publicado por la Unión Europea en 2023 define que los océanos se están volviendo más verdes a causa del sobrecrecimiento de fitoplancton y su presencia abundante puede calentar la superficie del agua. Además, puede dañar el ecosistema al, por ejemplo, reducir la cantidad de oxígeno en el agua, liberar toxinas y bloquear las branquias de los peces.
Otro estudio publicado en Nature demuestra que el aumento de la temperatura de los océanos se suma a otros cambios que ya se observan en el sistema climático. En el Ártico, por ejemplo, la pérdida de hielo marino se acelera a medida que aumenta la temperatura del océano y de la atmósfera. El artículo estimó que el primer día del año sin hielo en el Océano Ártico podría llegar antes de 2030. La desaparición del hielo, además, reduce la capacidad de la superficie terrestre para reflejar la radiación solar y puede intensificar el calentamiento.

