Científicos de todo el mundo acordaron los cambios fundamentales para proteger la biodiversidad

Nuevas tecnologías, datos integrados y colaboración internacional aparecen como claves para monitorear la crisis ecológica global.

Evaluar y proteger la biodiversidad se volvió imprescindible (imagen: estrategiasdeiversion.com)
Evaluar y proteger la biodiversidad se volvió imprescindible (imagen: estrategiasdeiversion.com)

La biodiversidad del planeta atraviesa una etapa crítica: especies de plantas y animales desaparecen a gran velocidad. La comunidad científica en su conjunto lo advierte y las alarmas se encienden. En este contexto, un artículo publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences propone una transformación profunda. Se trata de un trabajo colaborativo de especialistas de Reino Unido, Dinamarca, Estados Unidos, Finlandia, Canadá, Israel, Suiza y Alemania. Desde la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes se recorren las líneas de accion propuestas.

Desde hace décadas, investigadores de todo el mundo registran la disminución de especies y ecosistemas. Este fenómeno se da principalmente debido a la acción humana. Sin embargo, medirlo con precisión permanece aún como un desafío enorme. Los especialistas sostienen que la forma en que se monitorea la biodiversidad necesita una transformación profunda. En este contexto complejo, surge una oportunidad inédita: una avalancha de nuevos datos y herramientas tecnológicas que podrían cambiar radicalmente la forma de estudiar la vida en la Tierra.

El estudio propone los cambios principales para modernizar la medición de la biodiversidad. En primer lugar, recomienda aprovechar las nuevas tecnologías y la integración y recolección de datos. El uso de herramientas concretas, como sensores acústicos, reconocimiento de imágenes, detección satelital e inteligencia artificial para combinar múltiples fuentes de información sobre biodiversidad aparece como una de las principales esperanzas.

Los lugares afectados del planeta son demasiados, por lo que los investigadores a cargo del artículo indican que es necesario reducir los vacíos de información geográfica y taxonómica. Esto implica expandir el monitoreo en regiones poco estudiadas y mejorar la capacidad científica local para recolectar datos. Todo esto incrementará la información disponible, por lo que también sugieren crear nuevas bases de datos seguras y verificables.

En estos contextos, la participación ciudadana toma relevancia, por lo que reconocer y valorar la generación de datos es también recomendable. Los científicos a cargo del artículo proponen dar mayor reconocimiento académico y financiamiento al trabajo ciudadano de monitoreo y recolección de información. En el mismo nivel de importancia surge la necesidad de integrar el conocimiento indígena y local.

Por último, apuntan que es necesario diseñar mediciones que permitan evaluar acciones de conservación para asegurar que las políticas e intervenciones realmente funcionen. Dado que las tecnologías se modifican a una velocidad muy alta, es preciso fortalecer la resiliencia de los sistemas globales de información. Esto significa que hay que construir infraestructuras de procesamiento que puedan adaptarse a cambios tecnológicos, sociales y políticos sin perder continuidad.

Un presente alarmante

Se estima que existen cerca de 10 millones de especies de plantas y animales, y alrededor de un millón se encuentran amenazadas de extinción debido a la actividad humana, que aceleró el ritmo de desaparición. Respecto del uso de la tierra, cerca del 75 por ciento de la superficie del planeta que está libre de hielo fue modificada debido a la expansión agrícola. Esto llevó a la pérdida de millones de kilómetros cuadrados de bosques nativos y, los que aún permanecen, se ven afectados por rutas y ciudades.

El “Living Planet Index” mide la evolución de poblaciones de fauna silvestre y, desde 1970, muestra una caída de alrededor del 70 por ciento. En paralelo, los mamíferos silvestres se redujeron, al contrario de los animales domésticos, que aumentaron. Los océanos tampoco escapan a la tendencia: cerca de un tercio de las poblaciones de peces se ven amenazadas debido a la sobreexplotación del recurso, y los arrecifes de coral se redujeron casi a la mitad desde mediados del siglo XX.

Frente a este panorama, los investigadores sostienen que comprender mejor los cambios en la biodiversidad es una prioridad científica y política. Para lograr esto, se vuelve fundamental transformar la manera en que se recopilan y analizan los datos. El objetivo final que se persigue es construir sistemas de información capaces de evaluar la biodiversidad casi en tiempo real, desde escalas locales hasta globales, para que las posibles soluciones puedan llegar a tiempo. En un planeta que cambia con rapidez, contar con estas herramientas es decisivo.


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