
En diálogo con la Agencia, Panizo relata: “La negativa de la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas por exhumar los restos venía desde que Gran Bretaña pidió repatriar los cuerpos”. Resulta que Gran Bretaña quería enviar los cuerpos de los soldados argentinos caídos en combate a Argentina para no tenerlos en las islas. Panizo continúa: “Los familiares planteaban que, por un lado, no se podía repatriar lo que está en su patria y, por el otro, no querían traer los cuerpos a la Argentina continental porque desmantelarían así el cementerio. Le dieron un sentido a la muerte a través de que los restos de sus familiares fallecidos siguieran montando guardia por la Argentina hasta que se recupere el territorio”.
Sucede que, además, las familias habían creado una relación con sus muertos basada en la ausencia del cuerpo. Muchas de ellas, según investigó Panizo, habían desarrollado rituales o actos simbólicos distintos a los habituales, como la creación de altares domésticos, las misas del 2 de abril con ofrendas florales a los caídos o las peregrinaciones que los familiares hicieron con la virgen de Luján por las provincias hasta llevarla al Cementerio de Darwin.
“Había también un miedo por modificar esa conexión que habían hecho las familias con sus muertos ausentes. Por ejemplo, algunos de los que habían podido viajar a Malvinas llevaban flores a una tumba que rezaba ‘Soldado argentino solo conocido por Dios’, sin saber si allí estaba su familiar. Identificar un cuerpo hacía que esa conexión que habían generado con ese lugar desapareciera”, detalla Panizo, investigadora del Conicet.

Por su parte, las agrupaciones de excombatientes que reclamaban las identidades de los NN de Malvinas hacían un paralelismo con los desaparecidos de la última dictadura cívico militar. Panizo describe: “Ellos se sentían como víctimas también del gobierno de facto por las violaciones a los derechos humanos cometidas en el marco de la guerra por sus superiores. Entonces, ese discurso está asociado a una forma de darle un sentido a la guerra”.
Cuando finalmente el pedido se formalizó ante distintos organismos y se procedió a la exhumación, los familiares pidieron que los restos no sean traídos a la Argentina continental y que queden en el Cementerio de Darwin. “Fue lo que pasó y las identificaciones trajeron historias que los familiares no tenían. Fue una reconstrucción positiva ya que pudieron conocer los últimos momentos de vida de su pariente”, relata Panizo a la Agencia.

Y continúa: “Muchos de los deudos temían no encontrar nada porque los testimonios de los compañeros en el campo de batalla decían que había caído una bomba y no había quedado nada. Los familiares, entonces, tenían mucho miedo de encontrarse con un cuerpo disperso. Pero no, encontraron que estaba entero. Hallaron también cosas personales como el carnet de la universidad y fotos. Gracias a su identificación, cambió la forma en que miraron esa muerte”.
El trabajo del Plan Proyecto Humanitario Malvinas permitió que los familiares y los excombatientes obtuvieran una respuesta de qué había pasado con los caídos, visitar el enterramiento correcto y, finalmente, poder realizar un duelo.

