
Cuando el estudio compara las relaciones actuales con las de hace 50 años, el cambio aparece contundente. El 82 por ciento de los encuestados cree que los vínculos afectivos y sexuales permiten hoy mayor libertad individual. Además, el 76 por ciento considera que son más igualitarios entre hombres y mujeres y el 67 por ciento sostiene que están menos influidos por prejuicios.
Sin embargo, esa mayor libertad convive con una percepción negativa sobre la estabilidad. El 79 por ciento afirma que las relaciones son más inestables que antes y el 62 por ciento dice que generan más incertidumbre. El dato sintetiza una tensión de época: hay más autonomía para elegir cómo vincularse, pero también más dudas sobre cómo sostener una relación en el tiempo.
El estudio también muestra el impacto de Internet en la vida íntima. El 73 por ciento de los encuestados está muy o bastante de acuerdo con que las relaciones afectivas y sexuales fueron transformadas profundamente por las redes sociales e Internet.
La tecnología modificó la forma de conocer personas, pero también cambió la vida cotidiana de las parejas: la disponibilidad permanente, la exposición pública, los celos vinculados a redes, la comparación con otras vidas y la posibilidad de seguir conectado con exparejas forman parte del nuevo escenario afectivo.
La monogamia sigue siendo mayoría
Aunque se habla mucho de relaciones abiertas, poliamor y nuevos modelos afectivos, la monogamia continúa siendo ampliamente dominante. El 69 por ciento de los consultados dice tener actualmente una relación sentimental. Entre quienes están en pareja, el 97 por ciento afirma que se trata de una relación con una sola persona. Las relaciones abiertas representan el 1,7 por ciento y el poliamor, el 0,5 por ciento.
El dato permite matizar el debate. Las nuevas formas de vincularse ganaron visibilidad, pero siguen siendo minoritarias. El cambio más extendido no parece estar en el reemplazo de la monogamia, sino en la pérdida de su carácter obligatorio.
Entre quienes no tienen pareja, el 74 por ciento no tiene relaciones ni citas, mientras que el 22 por ciento mantiene vínculos casuales o citas sin exclusividad. Al preguntarles cómo les gustaría estar dentro de cinco años, la opción más mencionada es vivir sin pareja ni relaciones, con el 37 por ciento.
El relevamiento también indaga en la vida sexual. El 75 por ciento de las personas encuestadas dijo haber tenido relaciones sexuales con su pareja o con otras personas durante los últimos 12 meses. Entre quienes no las tuvieron, los principales motivos fueron la falta de interés o deseo sexual, la viudez y la enfermedad propia o de la pareja.
La encuesta también muestra una mayor presencia de productos eróticos en la vida cotidiana. El 58 por ciento declara haber usado alguna vez juguetes sexuales, lubricantes, aceites u otros objetos destinados al placer. La principal razón mencionada fue la curiosidad o experimentación.
¿Sexo con robots humanoides?
La aceptación de nuevas prácticas no implica una adhesión automática a cualquier innovación. Ante la posibilidad de tener experiencias sexuales con robots humanoides diseñados con fines sexuales, el 81 por ciento respondió que no estaría nada dispuesto.
La principal conclusión del estudio no es que la pareja esté en crisis ni que todo siga igual. El dato más relevante es la convivencia de dos movimientos: por un lado, la pareja, la convivencia y la monogamia mantienen un peso fuerte; por otro, crecen la autonomía personal, la igualdad, la diversidad de formas de vincularse y la percepción de inestabilidad.
Con todo, la pareja sigue siendo importante, pero ya no alcanza con sostenerla por costumbre. En ese desplazamiento se juega buena parte de la transformación actual: más libertad para elegir, pero también más responsabilidad para construir.

