Solo tres cultivos cubren el 76 por ciento de la superficie total cosechada en Argentina

Especialistas advierten que este modelo basado en soja, maíz y trigo va en contra de la soberanía alimentaria.

Créditos: InfoCampo.
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Un informe publicado por la Red de Cátedras de Soberanía Alimentaria de universidades públicas de Argentina y colectivos afines (Red Calisas) advierte que solo tres cultivos cubren el 76 por ciento de la superficie cosechada total en el país. De 36 millones de hectáreas, el 39 por ciento le corresponde a la soja, el 22 por ciento al maíz y el 15 por ciento al trigo. En este sentido, la mayoría de la producción se exporta y con bajo valor agregado. Esta situación impacta de forma negativa y tiene múltiples consecuencias. Por un lado, y de la mano de los avances tecnológicos, cada vez se necesitan menos trabajadores para llevar adelante las tareas en el campo. Por otro lado, los monocultivos impiden la variedad de alimentos disponibles. Al mismo tiempo, como no son destinados en primer lugar para el consumo interno, su precio se encarece y cada vez menos familias pueden acceder a ellos. En el país de la soja, el maíz y el trigo, el valor de los choclos, los fideos y el pan es cada vez mayor. 

“El país se encuentra en crisis. Si bien cuenta con una alta capacidad de producción, la concentración de la tierra, el predominio del monocultivo y la dependencia del comercio internacional afectan la autonomía en la provisión de alimentos. Este sistema claramente orientado a la exportación, frágil ecológicamente y dependiente de insumos va en detrimento de la Soberanía Alimentaria”, destacaron los integrantes de la Red Calisas en el documento. 

Según la Vía Campesina, un movimiento que agrupa a millones de trabajadores agrícolas en todo el mundo, la soberanía alimentaria es “el derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sostenible y ecológica, y su derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo. Esto pone a aquellos que producen, distribuyen y consumen alimentos en el corazón de los sistemas y políticas alimentarias, por encima de las exigencias de los mercados y de las empresas (…) La Soberanía Alimentaria da prioridad a las economías locales y a los mercados locales y nacionales”. 

En un contexto donde el 83,5 por ciento de los trabajadores asalariados del país se saltea alguna comida o ingiere alimentos menos nutritivos durante su jornada laboral por problemas económicos (datos aportados por el Observatorio de la Deuda Social Argentina), la discusión sobre qué se cultiva, cómo y para quiénes adquiere un lugar central en el debate por la soberanía alimentaria.    

El colmo de la soja

Según el informe de la Red Calisas, el cultivo de soja ocupó 16,5 millones de hectáreas en la cosecha 2023/2024. A pesar de que esa cantidad es más que suficiente para alimentar al mercado interno y luego exportar lo que sobra, la realidad es otra

La Bolsa de Comercio de Rosario explica que alrededor del 80 por ciento de la soja se exporta. A diferencia de otros competidores como Estados Unidos o Brasil, la mayor parte de la producción sale del país en forma de harina o de aceite. En este sentido, casi 70 países compran la soja argentina y sus derivados. Sin embargo, casi el 30 por ciento va hacia tres países: China, Vietnam e India.

Para tomar dimensión de su importancia, los últimos datos disponibles señalan que los productos alimenticios exportados por Argentina superaron los 42 mil millones de dólares. De casi 100 artículos que salieron del país, la soja y sus derivados generaron ganancias mayores a 23 mil millones de dólares, es decir, el 55 por ciento del total. No obstante, depender de una sola legumbre podría convertirse en un problema si baja el precio internacional.  

Si bien el 20 por ciento de la producción restante se utiliza para consumo interno, en su mayoría se emplea como materia prima para el biodiesel y como alimento balanceado para la industria ganadera. Por lo tanto, la soja que llega a la mesa de las familias en Argentina es ínfima. Aunque es una legumbre que aporta proteínas, grasas saludables, fibra, vitamina B, hierro y calcio, su ingesta es muy baja. En este aspecto, no solo se trata de un problema económico vinculado al precio del poroto, sino que también incide la cuestión cultural. Mientras que el promedio mundial de consumo de legumbres es de 8 kilos por persona por año, en el país oscila entre los 600 y los 800 gramos.


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