Las redes sociales pueden formar una opinión en apenas cinco posteos

Un nuevo estudio advierte que, en ciertas plataformas, una idea repetida con apariencia de autoridad puede influir más que su propia veracidad.

Desinformación en redes: la primera impresión puede ganarle a la verdad. Crédito: Theconversation.
Desinformación en redes: la primera impresión puede ganarle a la verdad. Crédito: Theconversation.
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A veces no hace falta ver cientos de videos ni leer miles de mensajes para empezar a creer algo. En las redes sociales, una idea puede entrar despacio, casi sin hacer ruido: aparece una vez, después otra, después otra más. Al principio parece solo una publicación cualquiera. Pero, si se repite lo suficiente y suena convincente, puede empezar a formar una opinión.

Eso mostró un estudio publicado en Information Systems Research y analizado por la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes. La investigación advirtió que varias publicaciones parecidas pueden alcanzar para que una persona empiece a tener una postura sobre un tema, incluso cuando todavía sabe muy poco de eso. Los científicos quisieron entender algo que ocurre todos los días en Instagram, Facebook, TikTok o X: cómo nacen las primeras ideas cuando una persona consume información rápido, entre imágenes, perfiles, comentarios y posteos breves.

¿Cómo hicieron el estudio? Los autores realizaron tres experimentos controlados. Eso significa que no observaron simplemente lo que pasaba en redes reales, sino que crearon una situación parecida a una red social para poder medir mejor qué ocurría. Diseñaron publicaciones simuladas, parecidas a las que podrían aparecer en Instagram. Tenían formato de posteo, imagen, texto breve y señales sobre quién supuestamente publicaba esa información.

Pero eligieron muy bien los temas. No usaron política, fútbol, música o religión, porque sobre esos asuntos muchas personas ya tienen opiniones fuertes. Si alguien ya piensa algo sobre un candidato, un club o un cantante, es difícil saber si cambió de idea por el experimento o porque ya venía pensando así.

Por eso, los investigadores usaron temas poco conocidos, relacionados con partes del cuerpo humano, como el hueso atlas o el nervio mentoniano. Son asuntos que la mayoría de las personas no discute en la vida diaria. Así podían estudiar algo clave: cómo se forma una opinión casi desde cero.

En los experimentos participaron distintos grupos de personas. Algunas vieron publicaciones con información verdadera y otras vieron publicaciones con información falsa. La idea era observar qué pasaba cuando esas publicaciones repetían una misma explicación varias veces.

¿El resultado? Después de unas cinco publicaciones parecidas, muchas personas ya empezaban a sentir que tenían una opinión sobre el tema. Eso no quiere decir que el quinto posteo sea mágico. No significa que todas las personas cambien de idea exactamente después de ver cinco publicaciones. Lo que el estudio mostró fue un patrón: cuando una idea aparece varias veces, de manera ordenada y fácil de entender, puede empezar a parecer creíble bastante rápido.

La verdad no siempre llega primero

La parte más preocupante del estudio fue que, al comienzo, no importó tanto si la información era verdadera o falsa. Lo que más influyó fue que el mensaje se repitiera, sonara coherente y pareciera simple. En otras palabras: si una persona ve varias publicaciones que dicen algo parecido, puede empezar a pensar: “Esto debe ser cierto”. Aunque todavía no haya buscado pruebas. Aunque no haya consultado una fuente confiable. Aunque la información sea incorrecta.

Después, esa primera opinión funciona como un filtro. Si aparece una nueva publicación que coincide con lo que la persona ya empezó a creer, es más probable que la acepte o la comparta. En cambio, si aparece algo que contradice esa primera idea, puede rechazarlo más rápido.

Es parecido a lo que pasa cuando alguien se forma una primera impresión sobre una película, un videojuego o una persona. Si al principio piensa que algo es bueno, después presta más atención a los comentarios que confirman esa idea. Si al principio piensa que algo es malo, todo lo que venga después puede parecerle sospechoso.

El estudio también mostró otro punto importante: el perfil que publica la información influye mucho. Las personas confiaban más cuando el mensaje venía de alguien que parecía experto. Por ejemplo, un perfil que decía “Dr.” o que mostraba una foto profesional podía parecer más confiable, aunque nadie hubiera comprobado si esa persona realmente sabía del tema.

Eso es muy importante porque en redes sociales cualquiera puede parecer experto. Un nombre serio, una foto prolija, una biografía bien escrita o una frase como “especialista en salud” pueden hacer que un mensaje parezca más verdadero de lo que es.

Por qué importa

Este estudio importa porque ayuda a entender cómo se mueve la desinformación. Muchas veces se piensa que el problema empieza cuando alguien comparte una noticia falsa. Pero la investigación muestra que el problema puede empezar antes: cuando una persona está formando su primera opinión sin darse cuenta. Si una idea falsa se repite varias veces y llega antes que la explicación correcta, puede quedar instalada. Después, aunque aparezca una corrección, quizás sea más difícil cambiar esa primera impresión.

Por eso, los investigadores advierten que no alcanza con corregir una mentira cuando ya se compartió miles de veces. Las plataformas deberían actuar antes: marcar mejor las fuentes confiables, revisar los perfiles que se presentan como expertos sin demostrarlo y mostrar advertencias antes de que la información dudosa se repita demasiado.

También importa para los usuarios. La enseñanza principal es sencilla y sirve para todos los días. Antes de creer o compartir algo, conviene frenar unos segundos, mirar quién lo publicó, preguntarse de dónde salió el dato, revisar si aparece en otros lugares confiables y comprobar si esa persona realmente sabe del tema. No todo lo que se repite muchas veces es verdad. No todo perfil que parece profesional lo es. Y no todo lo que suena lógico está comprobado.

Así, el estudio deja una advertencia clara: en redes sociales, la desinformación no empieza solo cuando alguien comparte una mentira, sino cuando una primera impresión se forma demasiado rápido. Y en una pantalla donde todo pasa a gran velocidad, aprender a dudar un poco también puede ser una forma de cuidarse.


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