Científicos desarrollan una base de datos para analizar como nunca antes la evolución de las aves

El proyecto, del que participan investigadores de Argentina, México y Canadá, examina las huellas fósiles como indicios para reconstruir la historia de estos animales.

Las huellas fósiles hablan de como evolucionaron las aves (imagen: Geological man blog)
Las huellas fósiles hablan de cómo evolucionaron las aves (imagen: Geological man blog).
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Los registros fósiles en los que se concentran los paleontólogos van más allá de los enormes dinosaurios que habitaron el planeta. Bajo esta premisa, un trabajo realizado desde el Departamento de Biodiversidad y Biología Experimental de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires analizó huellas de aves preservadas por millones de años. De la investigación, encabezada por científicos argentinos, también formaron parte especialistas de Canadá y México, y los resultados fueron publicados en un artículo de la revista Scientific Reports. Martín Farina, paleontólogo a cargo, conversó con la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes y reveló una de las conclusiones más importantes del trabajo, vinculada a lo que ocurrió con las aves una vez que los dinosaurios se extinguieron.

La icnología de vertebrados estudia las huellas y rastros que produjeron dinosaurios, aves y mamíferos. A primera vista, una huella habla de la cantidad y disposición de los dedos de su dueño, así como también, ofrece datos respecto del tamaño del animal. Las proporciones de las pisadas, incluso, ofrecen pistas sobre cómo se desplazaban y qué ambientes habitaban los animales extintos. Farina confeccionó una base de datos con todos los yacimientos de huellas de aves de Gondwana, el antiguo continente que reunía lo que hoy es América del Sur, África, Antártida, India y Oceanía. En otras palabras, se concentró en la información disponible de las huellas de esos lugares. “Lo interesante es que, de los 23 yacimientos, 17 son argentinos ya que nuestro país tiene los registros más completos”, explica.

A partir de la información recolectada, armó las “arquitecturas pedales”, esto es, agrupamientos basados en las formas de las huellas registradas. Según Farina, de aquí se extrae información ecológica: cuanto mayor era la variedad de formas registradas, más grande era la biodiversidad del sitio. “Logré establecer nueve arquitecturas pedales. Es decir, nueve formas en las cuales se clasifican todas las huellas conocidas en la actualidad. Me refiero a anisodáctilo pequeño, anisodáctilo grande, zigodáctilo, tridáctilo pequeño, tridáctilo grande, semipalmeado pequeño, semipalmeado grande, palmeado pequeño y palmeado grande”, especifica.

En el trabajo publicado en Scientific Reports se analiza la ignodiversidad, que es la cantidad de huellas diferentes o ignoespecies. Por otra parte, los investigadores también se concentraron en el concepto de ignodisparidad, que habla de qué tan diferentes son esas ignoespecies entre sí. En otras palabras, se preguntan cuántos tipos de huellas hay y cuántas formas diferentes. “Hasta ahora no se había estudiado la ignodisparidad en vertebrados”, revela Farina. Según el paleontólogo, había lugares donde existían pocas ignoespecies pero bien diferentes entre sí, o sitios donde las ignoespecies eran variadas pero con baja ignodisparidad.

Las aves zafaron del meteorito

Uno de los resultados más importantes del trabajo se da en relación con la extinción masiva de los dinosaurios hacia el final del Cretácico, unos 66 millones de años atrás. En ese momento, los investigadores registraron una gran variedad de arquitecturas que no muestran señales de una desaparición abrupta de las aves. “Históricamente hay una disputa: ¿qué pasó con las aves cuando cayó el meteorito? ¿Esto las afectó y volvieron a aparecer más adelante, o ya estaban todas dispersas y el meteorito no las afectó? La información que recabamos en la base de datos concuerda con la última teoría”, explica Farina. Aunque la caída del meteorito las afectó, se mantuvieron luego del impacto.

Hacia el final del Cretácico, un asteroide impactó en la región en la que hoy se encuentra la Península de Yucatán, en México. El episodio provocó cambios y alteraciones climáticas que desencadenaron en la extinción masiva de tres cuartas partes de las especies del planeta. Aunque esto incluyó a los dinosaurios, las aves no lo padecieron del mismo modo.

El paleontólogo Martín Farina fue quien reunió los datos para estudiar las huellas (imagen cedida por el investigador)
El paleontólogo Martín Farina fue quien reunió los datos para estudiar las huellas (imagen cedida por el investigador).

Farina explica que otro resultado importante del trabajo se vincula al Mioceno, entre 23 y 5,3 millones de años atrás. En ese período ocurrió la expansión de las aves en espacios más abiertos: “Las aves corredoras, como los avestruces, empiezan a ocupar muchos espacios. Esto coincide con un incremento de la aridez de los ambientes, y la ignodiversidad concuerda con los registros fósiles hallados”. En otras palabras, hubo una variación en la cantidad de aves corredoras debido a la aparición de ambientes más áridos y abiertos que las forzaban a recorrer grandes distancias a mucha velocidad.

A primera vista, una huella es un espacio vacío. Sin embargo, ese registro habla y cuenta una parte de la historia: la de las especies que evolucionaron y encontraron nuevas formas de sobrevivir y ocupar el planeta.


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