
Investigadoras de la Universidad Nacional de Quilmes obtuvieron el primer premio en el VII Simposio Internacional sobre Bacterias del Ácido Láctico, uno de los principales eventos sobre el tema a nivel mundial. Allí, las científicas quilmeñas presentaron un trabajo sobre la reutilización de desechos provenientes de la industria del vino para la fermentación de las bacterias lácticas, unos microorganismos que están presentes en muchos alimentos y que, a escala industrial, modifican el sabor, el aroma y la textura. Mientras que los nutrientes que se utilizan de forma habitual para el crecimiento de las bacterias lácticas son importados y se compran en dólares, las especialistas de la UNQ crearon una alternativa de bajo costo, sustentable y nacional. En medio de un ataque sin precedentes a las universidades en la historia de la democracia, el reconocimiento a cinco mujeres pone en valor la importancia de la ciencia y de la investigación para agregar valor, generar productos de alto impacto y cuidar el planeta.
“Sabíamos que casi no había investigaciones de este tipo y que el estudio era novedoso, pero el reconocimiento nos sorprendió a todas. El trabajo llamó la atención y mucha gente del Simposio consultó cómo lo hicimos y cómo llegamos a este resultado. Este logro, que arrancó a fines de 2025 con la fusión de dos laboratorios de la Universidad, demuestra que estamos a la vanguardia con las mejores líneas de investigación de América Latina”, cuentan Bárbara Bravo Ferrada y Marina Navarro, integrantes del Laboratorio de Microbiología Molecular de la Universidad Nacional de Quilmes, en diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la UNQ.
La idea nació en medio del ajuste que sufren la ciencia y las universidades en Argentina, donde los investigadores tienen que trabajar de forma colaborativa para alcanzar resultados y gastar la menor cantidad de dinero posible. En este contexto, especialistas de la UNQ que analizan desechos de la industria vitivinícola se unieron con compañeras de la Universidad que lideran un acuario con peces cebra para determinar la toxicidad de sustancias de la industria alimenticia.
Así, las integrantes del Laboratorio de Microbiología Molecular posaron sus ojos sobre las lías de vino, un residuo con proteínas y minerales que se desecha o se arroja al suelo como abono sin tratamiento previo. A partir de un análisis realizado en la plataforma Zebratox, el acuario liderado por Jimena Prieto y Carolina Martínez (que en 2025 se convirtió en el primero de Argentina en ser aprobado por ANMAT), las científicas determinaron que esta práctica tenía efectos negativos sobre el ambiente.
Luego de este hallazgo, las científicas decidieron reutilizar el residuo para transformarlo en un medio de cultivo para las bacterias lácticas. Estos microorganismos son los que les dan sabor, textura y aroma a los alimentos. A escala industrial, el crecimiento de las bacterias lácticas se da mediante insumos que son importados y caros. En cambio, el desarrollo de las investigadoras de la Universidad Nacional de Quilmes es más económico, es sustentable, cuida al ambiente y es de industria nacional.
“Para su crecimiento, las bacterias lácticas necesitan una fuente de carbono, que ya utilizamos de otros desechos de la industria como permeado de suero y bagazo de manzana, y una fuente de nitrógeno, que sería el subproducto creado a partir de las lías de vino. No solo sustituimos importaciones, sino que también evitamos que ciertos compuestos tóxicos vayan al ambiente”, explica Bravo Ferrada.
Tras la obtención del reconocimiento por parte del jurado del Simposio, el objetivo de las científicas quilmeñas es que esta alternativa pueda escalar industrialmente para reemplazar a los compuestos tradicionales que se utilizan para el cultivo de las bacterias lácticas.
En conversación con la Agencia, Jimena Prieto y Carolina Martínez resaltan: “En este contexto tan adverso para la ciencia, la tecnología y las universidades, intentamos ver las cosas positivas y analizar qué podemos hacer con lo que tenemos acá. En este caso unimos fuerzas y nos salió muy bien. Ante la necesidad, la interacción entre los laboratorios es mucho más importante y esta cultura de colaboración quedará instalada cuando termine este proceso de ajuste y desfinanciamiento”.
Del Laboratorio de Microbiología Molecular participaron Bárbara Bravo Ferrada, Marina Navarro y Elizabeth Tymczyszyn, mientras que del acuario Zebratox lo hicieron Jimena Prieto y Carolina Martínez.

