Científicas de la UNQ identifican un hongo que podría controlar a la hormiga argentina

Es considerada una de las 100 peores plagas del mundo y las investigadoras estudian cómo un enemigo natural puede frenar su avance.

Patricia Folgarait y Daniela Goffré, investigadoras del Laboratorio de Ecología y Control de Hormigas de la UNQ. Créditos: Agencia de Noticias Científicas de la UNQ.
Patricia Folgarait y Daniela Goffré, investigadoras del Laboratorio de Ecología y Control de Hormigas de la UNQ. Créditos: Agencia de Noticias Científicas de la UNQ.
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La hormiga argentina es una especie nativa de Sudamérica que se expandió a muchos rincones del mundo, desde Estados Unidos hasta Nueva Zelanda. Incluso, en Europa se registró una colonia que ocupa seis mil kilómetros de territorio. Así, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, es una de las 100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo. En este marco, las científicas de la Universidad Nacional de Quilmes identificaron y estudiaron un hongo específico que puede atacar, enfermar y matar a la hormiga argentina. El objetivo es generar un insumo para vender y controlar la especie en donde sea necesario.

En diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la UNQ, Patricia Folgarait, docente e investigadora del Laboratorio de Ecología y Control de Hormigas, cuenta: “Encontramos y testeamos el primer controlador biológico propuesto para la hormiga argentina. Es una especie que, como toda hormiga, logra viajar a través de los medios de transporte del ser humano. El tema es que, cuando llega a lugares exóticos, lo hace sin sus competidores naturales, sus parásitos, sus patógenos y todo lo que la mantiene controlada”. Entonces, le es muy sencillo convertirse en una plaga.

Según desarrolla la científica, en Argentina, esta especie está controlada justamente porque tiene competidores naturales. Por eso, desde el Laboratorio, decidieron buscar cuáles son esos enemigos que pueden ayudar a moderar la presencia de esta hormiga en otras partes del mundo. “Durante años, buscamos parasitoides (larvas de organismos que crecen alimentándose del cuerpo de otro insecto), pero no encontramos. Entonces, pusimos el foco en los entomopatógenos, que son hongos patógenos de un insecto”, explica.

La hormiga argentina reina mide unos 4 mm y las obreras entre 2 y 3 mm. Créditos: Alejandro Muñoz / Agencia Sinc.
La hormiga argentina reina mide unos 4 mm y las obreras entre 2 y 3 mm. Créditos: Alejandro Muñoz / Agencia Sinc.

Junto con Daniela Goffré, investigadora de la UNQ que forma parte del trabajo, identificaron cuatro mega colonias de la hormiga argentina en la provincia de Buenos Aires: en la Reserva Ecológica Costanera Sur, en la Reserva Natural Integral y Mixta Laguna de Rocha, en Bernal, Quilmes, y en Gonnet, La Plata. Una mega colonia es una gran red de nidos interconectados, donde habitan varias hormigas obreras y reinas y colaboran entre sí. Goffré detalla a la Agencia: “Generalmente, cuando llegan a un lugar exótico las hormigas forman mega colonias porque hay poca variabilidad genética. Es decir, llegaron las que pudieron. Entonces, forman un gran frente común y a esto se le suma que no hay competidores naturales en las regiones exóticas”.

Así, las científicas evaluaron qué hongos traían las cuatro mega colonias identificadas e identificaron que había seis cepas que las atacaban. “Teníamos que ver cuál de esas cepas podía infectar a todas las hormigas, independientemente de la variabilidad genética que haya”, desglosa Goffré. Así, observaron que la cepa Li053 del hongo Beauveria bassiana mataba al 80 por ciento de las hormigas en cinco días.

Folgarait describe: “Cuando logra superar las defensas de la hormiga, este hongo ingresa al cuerpo y desarrolla su ciclo de vida dentro del organismo. Esto implica generar esporas que infectan a la hormiga y la matan. Luego, este hongo atraviesa la cutícula del insecto, y forma esporas que van a dispersarse por el ambiente y alcanzar nuevas hormigas”. 

Las investigadoras sostienen que, ahora que los resultados fueron publicados en la revista Insects, el siguiente paso es generar un insumo que contenga el hongo para vender a los productores y que puedan utilizarlo como un químico natural. “Estamos investigando micotoxinas que tiene el hongo y que podrían utilizarse para generar algún insumo que ayude a controlar a esta plaga. Las hormigas no son malas, pero si son plagas pueden afectar el ambiente o el hogar de una persona”, afirma Folgarait.


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