
En conjunto con diferentes asociaciones y organizaciones, científicos de la Universidad Nacional de Quilmes y de la Universidad de Buenos Aires presentaron el documento preliminar del Pacto Intersectorial sobre la Inteligencia Artificial en las Industrias Culturales Argentinas (PICA). El evento se realizó en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y contó con la participación de trabajadores y sindicatos de distintos sectores vinculados a dibujantes e ilustradores, traductores, medios de comunicación, editoriales, universidades y más. El objetivo de la reunión fue debatir sobre esa hoja de ruta con principios, acuerdos y demandas, tanto para las empresas como para el estado y las instancias internacionales de regulación. El texto surgió como resultado de foros, entrevistas, encuestas y estudio de antecedentes realizados desde octubre de 2025. Aunque las problemáticas varían de acuerdo al rubro, todos los presentes compartieron la preocupación por el avance de la IA, la falta de regulaciones y cómo se modifican los empleos a partir de su presencia.
En diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes, el director del proyecto, Daniel Badenes, detalla: “La jornada era el corolario de un año de trabajo. La idea fue poner en común el documento preliminar con los distintos representantes para validarlo y seguir ampliando el espectro hacia otras organizaciones. Esto arrancó en octubre de 2025 y en ese lapso la conversación pública sobre la inteligencia artificial desbordó. En medio de la vorágine de novedades, aumentaron las inquietudes sobre los temas que atravesamos”.
Y continúa: “Muchas organizaciones ya venían pensando sobre esta problemática y otras empezaron con el proyecto. Sin embargo, todas están preocupadas por la cuestión. En ese marco, el PICA funcionó como un punto de encuentro entre diferentes sectores. No es común que los dibujantes hablen con los periodistas, que los periodistas hablen con los traductores y que los traductores hablen con los gestores de derecho. Ahora, el desafío es hacer que el conjunto sea más que la suma de las partes”.
PICA nació como una línea de trabajo impulsada por el Consejo Interuniversitario Nacional, en el marco de la Alianza Universitaria Argentina Europea para la Transformación Digital. Además de Daniel Badenes, el trabajo está codirigido por Larisa Kejval (decana de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA) y Pablo Bilyk (docente e investigador de la UNQ).
En principio, el proyecto arrancó junto al Sindicato de Prensa de la Ciudad de Buenos Aires, el Foro Argentino de Radios Comunitarias, la Red de Medios Digitales, Territorio y Producción Editorial Organizada (TyPEO), y la Asociación argentina de agencias, consultoras y productoras del ecosistema digital. Sin embargo, a medida que avanzó el trabajo se sumaron otras organizaciones sindicales, asociaciones profesionales y sociedades gestoras de derechos.
Transformación justa, democrática y respetuosa
El director del proyecto subraya que la percepción sobre los impactos de la IA en todos los sectores es negativa. “El entrenamiento de los modelos de lenguaje se llevó a cabo a partir de un robo originario que se tradujo en la pérdida de trabajo, como en el caso de los dibujantes, o en la precarización, como en el caso de los traductores que ahora son contratados para editar las traducciones que hace la inteligencia artificial”.
Al mismo tiempo, la IA podría tener impactos positivos en la agilización de tareas reiterativas, mecanizadas y estandarizadas. No obstante, la falta de acuerdos previos hace que los trabajadores no utilicen ese tiempo libre para el ocio o para tareas laborales creativas, sino que solo aumenta la productividad. Por lo tanto, lo que podría ser un punto a favor también se convierte en un punto en contra para la adopción de la inteligencia artificial en las empresas.
Por eso, según destaca el documento preliminar elaborado desde el PICA, es necesario exigir medidas y compromisos a los Estados y a las empresas para que la transformación digital que impone la inteligencia artificial no se lleve puesto a los derechos humanos.
Entre sus puntos más sobresalientes destacan la protección del trabajo, la garantía de seguridad y libertad de expresión, el impulso de políticas públicas de alfabetización crítica en torno la IA, la búsqueda de soberanía tecnológica, la transparencia sobre los impactos ambientales, el respeto a la privacidad, la retribución de autoría y la incorporación de marcas visibles para distinguir los contenidos.
El documento ofrece una síntesis: “La creatividad y el criterio humano son irremplazables. Las IAG no tienen sensibilidad ni empatía. Funcionan sobre lo que ya existe: ordenan, sintetizan y recombinan, pero no crean a partir de una experiencia ni de un propósito propios. El contexto y la experiencia son fundamentales en la producción periodística y cultural; no pueden ser sustituidos. Por ende, no se debe delegar en ningún dispositivo de Inteligencia Artificial Generativa la producción cultural, interpretativa o periodística”.

