
“Un Plan Estratégico supone la consulta de los actores científicos, tecnológicos, productivos y sociales involucrados, como se hizo con el Plan de Ciencia y Tecnología 2030. Acá no participó ni el INTI, ni el INTA, ni la Comisión Nacional de Energía Atómica, por nombrar algunos. Para todo el mundo es una sorpresa, se trata de algo que escribieron dos o tres burócratas, si es que no se lo pidieron a la inteligencia artificial. La verdad que es medio patético y da un poco de vergüenza ajena”, señala Diego Hurtado, exsecretario de Planeamiento del ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, en diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes.
Según el texto publicado por el Ejecutivo, el objetivo es orientar las capacidades recursos científico-tecnológicos nacionales “hacia las necesidades del sector productivo”. Para eso, las áreas elegidas son Agroindustria, Energía y Minería, Economía del Conocimiento e Innovación, y Salud. Desde la mirada del gobierno, “representan sectores de alto impacto económico y social, con capacidad de generar empleo calificado, incrementar las exportaciones con valor agregado y fortalecer la competitividad internacional del país”.
Además, la norma destaca a la Inteligencia Artificial, la Biotecnología y la Nanotecnología, la Tecnología Espacial y Satelital, y las Tecnologías de la Información y la Comunicación. “Estas tecnologías, de carácter habilitante y convergente, constituyen los vectores principales de modernización del aparato productivo. Su desarrollo integrado potencia la productividad nacional y mejora la eficiencia en el uso de los recursos”, resalta el documento.
Un cuento de hadas
Si alguien leyera el documento sin tener idea la situación que atraviesa la ciencia argentina, pensaría que se trata de un gobierno que apuesta al desarrollo del sector. Sin embargo, el panorama desde el 10 diciembre de 2023 es crítico. En este aspecto, el Ejecutivo no solo ataca a los trabajadores del sector desde lo verbal (al menospreciar sus tareas), sino que los salarios perdieron casi la mitad de su poder adquisitivo. Además, el desfinanciamiento, los despidos y las privatizaciones empresas clave desmienten a los Lineamientos Estratégicos 2025-2027.
“Se trata de un listado de buenas intenciones que se contradice con el estado de los salarios del sector de ciencia y tecnología, donde ya gran parte del personal de investigación y desarrollo a nivel nacional está debajo de la línea de pobreza. Al mismo tiempo, es totalmente contradictorio con el RIGI, que no incentiva ni el conocimiento, ni la formación de cadenas de valor ni la utilización de componentes nacionales”, subraya Hurtado.

