
En diálogo con la Agencia de Noticias Científicas, Ludmila Fernández, comunicadora social de la UNQ y magíster en Estudios de Género, Identidades y Ciudadanía por la Universidad de Cádiz, afirma: “Sin ponernos conspiranoicas también, desde 2020 a esta parte se están dando en redes sociales una serie de discursos que parecen orquestados y que son revivals de otras épocas. En este caso, se encasilla a los estereotipos de siempre bajo la idea de energías”.
Así, los creadores y creadoras de contenido explican, a través de un discurso de autoconocimiento y crecimiento personal, que estas nociones de energías van más allá de los géneros. Por ejemplo, la influencer chilena Bea Bravo, que posee casi 400 mil seguidores, detalla en un video que “esta idea proviene de la filosofía china y de un montón de otras filosofías (…) y no es una idea de perpetuar los roles de género, sino que se reconoce que todas las personas tenemos ambas energías y estas deben encontrarse en equilibrio para que todo funcione bien”. Acto seguido, describe a la energía masculina como “el que hace, el que piensa, el que planea. Es la posición de ir hacia delante, crear tu imperio, proveer. Mientras que la energía femenina se trata mucho más de recibir, de amar, de aprender a sentir y ser vulnerables”.
Fernández López discute: “No es inocente esa forma de hablar. Según este discurso, todos podemos tener las dos cosas, pero es muy probable que si una persona se define como mujer en su identidad se incline más por seguir el guión de la supuesta energía femenina que reproduce los estereotipos de siempre. Ahora bien, si supuestamente no tiene nada que ver con los géneros, ¿por qué no la llaman ‘energía chocolate’ y ‘energía vainilla’?”.
El discurso de las supuestas energías convive con otros en internet donde se disfrazan los roles de género, como el de las tradwife o el de las “mujeres y hombres de alto valor”. El primero refiere a la traditional wife o esposa tradicional. Es una tendencia que se expandió en las redes sociales Tik Tok, Instagram y Youtube, donde las mujeres prefieren el rol tradicional de esposa, madre y ama de casa y los hombres se dedican a actividades por fuera del hogar y llegan a descansar y ser atendidos por ellas.
El de las mujeres y hombres de alto valor alude a cómo no perder la feminidad y la masculinidad de cada uno. Ellos les hablan a sus pares sobre cómo cultivar su ‘energía masculina’, su liderazgo, su dinero y cómo no masturbarse para conservar la fortaleza. Ellas hablan entre ellas sobre ser más emocionales, menos exigentes, enfocarse en su pareja y familia y cómo no acostarse con muchos hombres o mantenerse “virgen” para no ser menos femenina.
De esta manera, el patriarcado se adapta a las nuevas reglas y vuelve con fuerza bajo otros nombres. En relación a esto, la integrante de la Organización Internacional Feminista y docente del Diploma de Posgrado en Géneros, Feminismos y Derechos Humanos, Victoria Obregón, ya había afirmado a la Agencia de Noticias Científicas que este tipo de contenido digital es tendencia porque “responde a un orden mundial que se está dando en el que avanzan las ultraderechas y los sectores religiosos y buscan instaurar un nuevo orden con un patriarcado capitalista de los años sesenta”.

