Por iniciativa de la UNQ, un científico mexicano fue reconocido con el Premio Leloir

Se trata de Jorge González, uno de los investigadores en ciencias sociales más relevantes de América Latina. El premio se entrega a expertos extranjeros que contribuyen a mejorar la ciencia de Argentina.

Jorge González junto a funcionarios de la Embajada Argentina en México. Créditos: Embajada Argentina en México.
Jorge González junto a funcionarios de la Embajada Argentina en México. Créditos: Embajada Argentina en México.

El investigador mexicano Jorge González fue distinguido con el Premio Leloir para el área de ciencias sociales y humanidades. Creado hace más de 15 años, el galardón se otorga de forma anual a especialistas extranjeros que ayudan a fortalecer las capacidades científicas y tecnológicas de Argentina. “Sus valiosos aportes lo consolidan como una de las figuras más relevantes en los estudios de comunicación y cultura en América Latina”, destacaron las autoridades que le otorgaron el Premio. La postulación para el reconocimiento fue gracias a la iniciativa de la Universidad Nacional de Quilmes, que comparte proyectos con González vinculados a la soberanía alimentaria.

“Siempre he pensado que los premios y los reconocimientos no deben ser la motivación para lo que hacemos. Cuando me comentaron de la UNQ la idea de proponerme al premio Leloir, fue una sorpresa completamente inesperada, pero me sentí muy honrado. Sin embargo, esta propuesta se daba en un momento muy complicado y ruin contra toda la educación pública y las instituciones especializadas en la ciencia argentina”, cuenta Gónzalez, en diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes.  

Y continúa: “Me sorprendió mucho cuando me escribieron para comunicarme oficialmente que mi candidatura había ganado el premio en la modalidad de Ciencias Sociales y Humanidades. Reconozco que pensé en no recibirlo, como una forma de solidaridad frente a esta política de inanición, privatización y exterminio de la actividad científica, pero comentando con quienes me propusieron, me convencieron de recibirlo. Agradezco de todo corazón la iniciativa de la UNQ”.

Ciencia colectiva para la soberanía

Entre tantas acciones, González impulsó la Red Iberoamericana de Investigación en Cultura y Conocimiento de los Sistemas Alimentarios (RIICCA). La iniciativa coordinada desde la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) tiene presencia en diferentes países de Iberoamérica y el nodo de Argentina es liderado por la Universidad Nacional de Quilmes.

El objetivo de la Red es promover el conocimiento científico sobre los sistemas alimentarios. En este aspecto, no solo se preocupa por comprender cuestiones vinculadas al hambre, el acceso a los recursos, la salud, los alimentos y el ambiente, sino que también trabaja junto a comunidades en la construcción de alternativas sostenibles, autónomas y colectivas. A su vez, uno de los propósitos es incidir en el armado de políticas públicas locales, provinciales y nacionales que promuevan una alimentación saludable y contextualizada.

“La lucha por la soberanía alimentaria, es decir, por el poder y la capacidad colectiva de decidir qué bebemos, qué semillas sembramos y cómo preparamos nuestra comida, apunta a la asunción de que comer es un acto multidimensional. Además de ingesta orgánica para garantizar energía y nutrientes al cuerpo, la alimentación debe asumirse como una acción profundamente política, económica y simbólica, que está en directa oposición con el ordenamiento actual que solo persigue el lucro a costa de cualquier tipo de intervenciones deliberadamente realizadas para la ganancia”, resalta González.

El rol de las ciencias sociales

En la actualidad, la ciencia y la tecnología son atacadas desde las altas esferas. No solo se trata de recortes presupuestarios y de cierre de institutos, sino que la embestida pone en duda el conocimiento científico general elaborado durante años, y el trabajo de las ciencias sociales en particular. En este aspecto, los gobiernos de Estados Unidos y Argentina son dos de los máximos exponentes.

Ante esta situación, González reflexiona: “El papel de la construcción de conocimiento y los procesos sociales, económicos, políticos y simbólicos en este contexto mundial, sigue siendo de extrema importancia para poder diferenciar e integrar con calidad los hilos y resortes de esta coyuntura. Las ciencias sociales necesitan estar conectadas con las causas y los sentimientos completamente de origen social que nos han metido en este vertedero de torbellinos. Debemos darnos cuenta de lo que todavía no nos habíamos dado cuenta y colaborar en la apertura de cursos de acción que ayuden a abrir este retorcido e injusto horizonte”.


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