
“Siempre he pensado que los premios y los reconocimientos no deben ser la motivación para lo que hacemos. Cuando me comentaron de la UNQ la idea de proponerme al premio Leloir, fue una sorpresa completamente inesperada, pero me sentí muy honrado. Sin embargo, esta propuesta se daba en un momento muy complicado y ruin contra toda la educación pública y las instituciones especializadas en la ciencia argentina”, cuenta Gónzalez, en diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes.
Y continúa: “Me sorprendió mucho cuando me escribieron para comunicarme oficialmente que mi candidatura había ganado el premio en la modalidad de Ciencias Sociales y Humanidades. Reconozco que pensé en no recibirlo, como una forma de solidaridad frente a esta política de inanición, privatización y exterminio de la actividad científica, pero comentando con quienes me propusieron, me convencieron de recibirlo. Agradezco de todo corazón la iniciativa de la UNQ”.
Ciencia colectiva para la soberanía
Entre tantas acciones, González impulsó la Red Iberoamericana de Investigación en Cultura y Conocimiento de los Sistemas Alimentarios (RIICCA). La iniciativa coordinada desde la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) tiene presencia en diferentes países de Iberoamérica y el nodo de Argentina es liderado por la Universidad Nacional de Quilmes.
El objetivo de la Red es promover el conocimiento científico sobre los sistemas alimentarios. En este aspecto, no solo se preocupa por comprender cuestiones vinculadas al hambre, el acceso a los recursos, la salud, los alimentos y el ambiente, sino que también trabaja junto a comunidades en la construcción de alternativas sostenibles, autónomas y colectivas. A su vez, uno de los propósitos es incidir en el armado de políticas públicas locales, provinciales y nacionales que promuevan una alimentación saludable y contextualizada.
“La lucha por la soberanía alimentaria, es decir, por el poder y la capacidad colectiva de decidir qué bebemos, qué semillas sembramos y cómo preparamos nuestra comida, apunta a la asunción de que comer es un acto multidimensional. Además de ingesta orgánica para garantizar energía y nutrientes al cuerpo, la alimentación debe asumirse como una acción profundamente política, económica y simbólica, que está en directa oposición con el ordenamiento actual que solo persigue el lucro a costa de cualquier tipo de intervenciones deliberadamente realizadas para la ganancia”, resalta González.
El rol de las ciencias sociales
En la actualidad, la ciencia y la tecnología son atacadas desde las altas esferas. No solo se trata de recortes presupuestarios y de cierre de institutos, sino que la embestida pone en duda el conocimiento científico general elaborado durante años, y el trabajo de las ciencias sociales en particular. En este aspecto, los gobiernos de Estados Unidos y Argentina son dos de los máximos exponentes.

