“Fragmentos de justicia”, el libro de la UNQ que recupera testimonios del Juicio de las Brigadas

Con 141 audiencias, este proceso condenó a cadena perpetua a diez represores de Quilmes, Lanús, Banfield y San Justo.

El Juicio de las Brigadas condenó a diez represores por los delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar en perjuicio de 607 víctimas. Créditos: 0221.
El Juicio de las Brigadas condenó a diez represores por los delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar en perjuicio de 607 víctimas. Créditos: 0221.

La Universidad Nacional de Quilmes lanzó “Fragmentos de justicia”, un libro que registra el juicio a las Brigadas de Quilmes, Banfield, Lanús y San Justo por los crímenes cometidos durante la última dictadura cívico militar. De descarga gratuita, la obra incluye testimonios de sobrevivientes e ilustraciones del colectivo Dibujos Urgentes que retrató las escenas del proceso judicial. La causa contó con 141 audiencias entre octubre de 2020 y la sentencia en marzo de 2024 e incluyó a más de 600 víctimas, 468 testigos y 18 imputados. Fueron condenados 10 represores.

El libro “Fragmentos de justicia. Crónicas del Juicio de las Brigadas” es fruto de la experiencia “Diario del juicio”, un espacio digital llevado adelante por distintas universidades –como la UNQ– que cubrió de manera periodística las audiencias. A través de crónicas, videos y entrevistas, el Diario dio a conocer quiénes fueron los imputados, de qué delitos se los acusa, las víctimas y la sentencia final. Esta cobertura puede verse de manera online en el sitio web del Diario del Juicio.

En diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la UNQ, Luciano Grassi, autor y coordinador del libro, cuenta: “Hicimos una selección de esas crónicas, elegimos fragmentos y los organizamos por temáticas, como el Plan Cóndor, la situación de que hijos y nietos hayan sido testigos y cómo sus infancias fueron atravesadas por la desaparición de sus padres o la singularidad de que este juicio haya reconocido los crímenes de personas trans”. Así, los relatos hablan de la crueldad, de la falta de atención médica, de la higiene restringida, de la alimentación escasa o nula por días enteros con alimentos en mal estado, en condiciones de oscuridad, frío y humedad extrema.

Portada del libro "Fragmentos de justicia". Créditos: UNQ.
Portada del libro “Fragmentos de justicia”. Créditos: UNQ.

Por ejemplo, Nilda Eloy, sobreviviente secuestrada en el Pozo de Quilmes y El Infierno de Avellaneda (lugar donde operó la Brigada de Lanús), relató en el juicio: “Ingresar al Circuito Camps era como ir cayendo en pozos. La sensación que intentaban darte era esa. Perdías el nombre, la identidad, la conexión con el afuera, la relación con el calor, no sabías si era de día o de noche, o sí habían pasado dos horas o veinticuatro, si estabas dónde. Era caer en un pozo. Por eso llamaban ‘pozos’ a esos Centros Clandestinos de Detención. Quedabas en el limbo”. El Circuito Camps es el nombre que lleva la red de 29 centros clandestinos que funcionaron en dependencias policiales del conurbano bonaerense y La Plata, bajo el mando de los ex generales Ramón Camps y Ovidio Pablo Ricchieri. Dentro de ellos se encuentran, por ejemplo, El Infierno de Avellaneda y el Pozo de Banfield.

Si no hay fotografías, hay dibujos

A estos testimonios, el libro le suma los dibujos de las 141 audiencias hechos por el colectivo Dibujos Urgentes. Sucede que en el 2010, se prohibió que las cámaras periodísticas registraran los juicios a genocidas para resguardar la identidad de las víctimas-testigos. Bajo la consigna “No se los puede filmar, no se los puede fotografiar, pero se los puede dibujar”, la agrupación H.I.J.O.S. y el Instituto Universitario Nacional de las Artes (devenido hoy en Universidad) convocaron a dibujantes para que retraten a los militares acusados por crímenes de lesa humanidad.

Así, las integrantes del colectivo Dibujos Urgentes Eugenia Bekeris y Paula Doberti desarrollaron, en el caso específico del Juicio de las Brigadas que se realizó a partir de 2020, ilustraciones a partir de un registro audiovisual. Las artistas mantuvieron el criterio de croquis rápido, realizado sobre papel A4 con lápiz de grafito y sumaron algunos testimonios escritos a mano. 

Los bocetos de estos dibujos estarán distribuidos durante un mes en una exposición en el pasillo que se dirige hacia el Auditorio Nicolás Casullo en la UNQ. Luego serán llevados a la Escuela Secundaria de Enseñanza Técnica de la Universidad y a otras instituciones escolares, mientras que se imprimirán copias para difundir libremente. Grassi apunta: “La muestra sintetiza, de alguna manera, lo sucedido en los centros clandestinos hoy convertidos en sitios de memoria, lo que vivieron los testigos y el largo camino que recorre un proceso de justicia”. 

Rememorar el rol que tuvieron y tienen las universidades públicas a la hora de conocer la verdad, alcanzar la justicia y fortalecer la memoria, es imprescindible. En el caso del Diario del Juicio, participaron no solo la UNQ, sino también la Universidad Nacional de Avellaneda, la Universidad Nacional de Lomas de Zamora y la Universidad Nacional de Lanús. María Belén Castiglione, autora del libro, afirma a la Agencia: “La Universidad tiene un rol imprescindible en el ejercicio de la memoria. En general, quienes hoy ingresan a las carreras nacieron en democracia, no vivieron la última dictadura cívico militar. Es necesario un entorno de acompañamiento que brinde información y abone a una lectura crítica sobre nuestra historia reciente“.

Y continúa Castiglione: “Conocer qué pasó durante la dictadura y entender la complejidad política, económica y social de aquel entonces puede darnos muchas claves para comprender dónde y cómo estamos hoy. Hay un mal sentido común extendido que cancela hablar de la dictadura si no se vivió esa época, y es un error muy grave pensarlo en esos términos. Cuanta mayor información tengamos disponible y cuanto mayor interés se genere desde nuestras aulas, podremos trazar ciertas continuidades con nuestro presente, abonar a la búsqueda de justicia, tomar mejores decisiones de cara al futuro y evitar repetir errores y horrores del pasado”.

La dictadura no sólo desapareció a una generación, sino que dejó a sus hijos sin padres y a las madres de los jóvenes desaparecidos en una búsqueda constante. A cincuenta años del golpe de Estado, la herida está lejos de cicatrizar porque aún hoy se siguen encontrando restos óseos de personas –como la reciente identificación de 12 personas en el centro clandestino La Perla–, se siguen buscando 300 nietos y se sigue preguntando dónde están los 30 mil desaparecidos.


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