
La ciencia y la tecnología en Austria tienen una rica y larga historia. En este sentido, fue una de las principales capitales intelectuales del mundo entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Por ejemplo, allí nació el Círculo de Viena, que nucleó desde 1924 a 1936 a prestigiosos científicos de distintos ámbitos preocupados por promover una filosofía conocida como empirismo o positivismo lógico. Además, en la capital austríaca vivió casi toda su vida Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis.
Como si fuera poco, Austria está en el top 10 de países con más premios Nobel. De los 21 galardones que tiene, 7 son de Medicina, 6 de Química, 4 de Física, 2 de Literatura, 1 de Paz y 1 de Economía. El Premio Nobel número 22 está en discusión, ya que fue para Bertha von Suttner: si bien vivió en el imperio austríaco, hoy esa zona pertenece a República Checa. Aunque no todos nacieron en el país, sí tienen doble nacionalidad o desarrollaron su carrera científica y académica en Austria.
Pese a su larga trayectoria, Austria no se quedó celebrando su pasado, sino que siguió apostando por la ciencia y la tecnología. En la actualidad, es uno de los tres países que más invierte en el sector a nivel europeo. En este sentido, el dinero destinado a investigación y desarrollo equivale al 3,34 por ciento del PBI (24 veces más de lo que invertirá Argentina durante 2026).
Quizás su política principal sea Quantum Austria, un proyecto de largo plazo que busca colocar al país a la vanguardia de la investigación y la tecnología cuántica. En este aspecto, los trabajos gestionados por la Agencia Austríaca de Promoción de la Investigación y el Fondo Austríaco de Ciencia están vinculados a computación, comunicación, criptografía, simulación para materiales y fármacos, y medición de alta precisión.
A su vez, Austria cuenta con una estrategia nacional de inteligencia artificial desde 2021. Además de la mirada europea vinculada a la regulación y la ética en torno a la IA, el proyecto incluye la alfabetización digital desde la infancia y se orienta a cuestiones vinculadas al cambio climático, movilidad sostenible, planificación urbana y salud.
El jugador más peligroso
Si bien Austria cuenta con un equipo consolidado en materia de ciencia y tecnología, tiene un jugador que lo tiene a mal traer a Argentina: la Escuela Austríaca de Economía. Esta corriente, que defiende el libre mercado sin intervención estatal, la propiedad privada y el accionar individual de las personas, es la teoría preferida del presidente argentino.
Aun así, algunos de los principales miembros de esta corriente de pensamiento se opusieron al propio Milei: en agosto de 2025, tres integrantes de la junta directiva rechazaron el premio que la institución le otorgó al máximo mandatario porque el conocimiento del presidente era “superficial y deficiente”.

