
Por Daniel González*
Entre la vasta gama de acontecimientos que suceden a diario, el periodismo aplica un conjunto de criterios de jerarquización que en el rubro se llaman “noticiabilidad”. La novedad, la actualidad, lo inédito, la jerarquía de los personajes implicados, la magnitud y el impacto entre otros criterios convierten un hecho en una noticia.
Pero desde el protagonismo del enfoque mercantil de la información la primicia se impuso como criterio. En televisión, el primero en dar la noticia concentra el rating, y en los medios digitales se queda con los clics, las interacciones y la economía de la atención de una audiencia hiperconectada y ávida de nuevos estímulos. Sin embargo, en esa carrera por llegar primero quedan en el camino los protocolos y manuales de estilo que establecen la cantidad de fuentes necesarias para la confirmación de la información.
Pero a su vez, en la naturaleza de las narrativas audiovisuales la primicia no solo se transmite, sino que también se “escenifica”. La espectacularización, el sensacionalismo y la personalización de los hechos inmortalizan el concepto del académico colombiano Omar Rincón: “La televisión todo lo que toca lo convierte en contenido dramático”.
Las noticias falsas no son nuevas en el mundo de la información. En la jerga del oficio se las llamaba “pescado podrido” y eran el resultado de una fuente interesada en generar un perjuicio sobre alguien.
Pero, en la actualidad, las fake news cumplen una función más importante en las tensiones de la democracia contemporánea. Son consideradas por el campo académico como estrategias para erosionar la legitimidad de valores, ideas, medios o incluso un consenso social prestablecido; con el uso de emociones, como el miedo o la indignación.
¿Qué hubiera pasado con Messi en medio del Mundial si efectivamente hubiera fallecido su padre? ¿Deja la competencia? Estas especulaciones generan una fragmentación social que facilita la manipulación, la desesperanza y la angustia, en este caso y en cualquier otro.
Cuando la información es una mercancía y no el interés por favorecer un derecho, los negocios se imponen una vez más por sobre las necesidades de una sociedad.
*Actualmente se desempeña como secretario general de la UNQ.

