Administrativos, gastronomía y Uber: ¿a qué se dedicarán los científicos y científicas que se quedan sin trabajo?

Dialogo con los becarios posdoctorales del Conicet que abandonarán sus investigaciones como consecuencia del ajuste.

Créditos: Periferia.
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Este 31 de julio vencen las becas de 400 becarios y becarias del Conicet, que están a punto de quedarse sin trabajo. Se trata de científicos que se presentaron al concurso para ingresar a la Carrera del Investigador Científico (CIC), pero cuyo proceso quedó demorado durante años como consecuencia del ajuste en el organismo. Desde entonces, reclaman que sus becas sean prorrogadas hasta que se conozcan los resultados y sepan si finalmente ingresarán a la carrera. Ante la inminencia del vencimiento y sin una respuesta oficial, muchos ya se ven obligados a buscar un plan B para sostenerse económicamente. La imposibilidad de continuar con sus investigaciones los empuja hacia otros caminos: desde la docencia hasta empleos en sectores completamente ajenos a la ciencia.

Federico Lindenboim, doctor en Ciencias Sociales (UBA) y becario posdoctoral del Conicet en la Universidad Nacional de San Martín, cuenta a la Agencia de Noticias Científicas de la UNQ: “Durante años no hice otra cosa más que investigar y dar clases en la UBA, que es lo único que podía hacer porque la beca es de dedicación exclusiva. Hace un tiempo empecé a repartir currículums y conseguí dictar una clase sobre escritura científica en la Universidad de Palermo y otras dos sobre metodología de la investigación en ciencias sociales en la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales. Es una ironía: lo que el Estado invirtió durante décadas termina yéndose al sector privado”.

Aun con esos cargos docentes, el científico apenas alcanza el millón de pesos mensuales.Envié currículums a locales gastronómicos que buscan encargados. Sigo en busca de trabajo porque no puedo sostenerme. Si eso sale, voy a ser encargado gastronómico durante el día y docente por la noche”, relata el investigador, que hasta ahora estudiaba la relación entre los inicios del peronismo y el mundo de la radio.

Por su parte, Elvira Casagranda, becaria posdoctoral del Instituto de Ecología Regional de la Universidad Nacional de Tucumán, explica a la Agencia: “Mis opciones no son tan claras en este momento. Me ofrecieron trabajos de medio tiempo que duran algunos meses en otros campos de investigación, aunque no están directamente relacionados con lo que estudio. Sería una manera de no quedarme sin absolutamente nada y poder sobrevivir un tiempo. También quiero presentarme a un concurso de la universidad para obtener un cargo”. En la actualidad, Casagranda investiga los ataques masivos de orugas a los bosques de lenga de la Patagonia austral y, si logra ingresar a la CIC, su proyecto se enfocará en el impacto de la minería de litio sobre los humedales.

A su vez, la antropóloga Carla Golé atraviesa una situación particular. Hace unos días, comenzó su licencia por maternidad y, gracias a ello, su beca posdoctoral se extenderá hasta los primeros días de noviembre. Sin embargo, apenas cuatro días después de finalizar esa licencia, también perderá su principal fuente de ingresos. Golé plantea: “La idea es continuar con mi cargo de docente interina de la Licenciatura en Educación Intercultural de la Universidad Pedagógica Nacional, del cual también estoy de licencia, y espero poder retomar tareas de asesoría pedagógica para la provincia de Buenos Aires. El problema es que, si bien son trabajos valiosos, no me dan la formalidad ni seguridad laboral que esperaba alcanzar con el ingreso a la carrera”. La becaria investigaba las articulaciones de los saberes escolares, familiares y comunitarios del pueblo mbya-guaraní de Misiones.

Quienes hoy se quedan sin beca —y, con ella, sin trabajo— son personas que atravesaron años de formación y alcanzaron el máximo nivel académico que otorga una universidad. Ese es el caso de Débora Decima, licenciada en Ciencias de la Comunicación, técnica superior en Psicología Social y doctora en Ciencias Sociales, quien investiga los procesos de construcción y mejoramiento de barrios populares en Tucumán.

“Estoy en búsqueda laboral activa desde hace unas semanas y ofrezco servicios freelance, como corrección de tesis, trabajos finales y artículos. También propongo relevamientos territoriales para empresas porque es una tarea que sé hacer porque está vinculada con mi investigación”, cuenta. Además, envió currículums para puestos como asistente o recepcionista, e incluso evalúa manejar un Uber. “De todas formas, no es tan sencillo. Muchas veces no te toman para los trabajos administrativos porque ven que estás sobrecalificada. En el caso del auto, es muy difícil mantenerlo y tampoco es un trabajo que te permita vivir todo el mes”, señala.

La licenciada en Antropología y doctora en Arqueología Rocío Guichón Fernández intenta mantenerse dentro del sistema académico el mayor tiempo posible. “Soy docente en la Universidad Nacional de Rosario, pero el sueldo es de 200 mil pesos, no puedo vivir con eso. Envié currículums a universidades y escuelas secundarias. Si eso no funciona, evalúo salir del mundo académico e insertarme en algún espacio de peritaje, ya que mi especialidad tiene que ver con el análisis de cuerpos”, explica. La investigadora, especializada en restos óseos humanos de sociedades cazadoras-recolectoras, tampoco descarta postularse a becas en el exterior.

Sin embargo, emigrar no aparece como una alternativa viable para todos. “Hay que tener en cuenta que el mundo también está muy golpeado”, advierte Casagranda, quien remarca que esa posibilidad depende de la situación personal de cada persona y de conseguir oportunidades fuera del país. En la misma línea, Decima concluye: “Al igual que mis 400 compañeros y compañeras de todo el país, nos venimos formando hace ocho años y se trata de proyectos de vida que se cortan de lleno por una decisión política. Yo creo firmemente en lo que hago y estoy convencida de que nuestro trabajo aporta al desarrollo del país y, en mi caso, de Tucumán. Me gusta trabajar acá”.

A partir del 1° de agosto, entonces, cientos de investigadores ya no se preguntarán qué hipótesis poner a prueba o qué resultados analizar, sino cómo llegar a fin de mes. Después de años de formación y desarrollo de investigaciones, los becarios y becarias son obligados a barajar y dar de nuevo sin tener ninguna certeza de su futuro.


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