
De manera reciente, el actor Cillian Murphy dijo que sentía “ROMO” por no actuar en la película La Odisea, dirigida por Christopher Nolan, y que disfrutaba de poder ver el film como un espectador. Contrario a lo que se conoce como FOMO, que significa Fear of Missing Out o el miedo a perderse algo, el ROMO se traduce como Relief Of Missing Out, es decir, el alivio de perderse algo. Este término comenzó a extenderse en el mundo digital entre las personas que desean desconectar de las redes sociales y no estar constantemente atentos a lo que sucede en ellas.
En diálogo con la Agencia de Noticias Científicas, Victoria Vidal, directora del Observatorio de Salud Mental de la UNQ, detalla: “Las redes sociales no son perjudiciales en sí mismas. Lo que pasa es que requieren una conexión permanente, entonces sentimos que tenemos que estar disponibles todo el tiempo, responder, mirar, actualizarse y no quedarnos afuera de nada”. Y continúa: “Esa exposición continua nos exige una atención sostenida y puede generar una especie de ‘fatiga atencional’: no solamente consumimos información, sino que eso que recibimos desde distintos lugares, tenemos que procesarlo, evaluarlo y decidir todo el tiempo qué vale la pena mirar, qué responder y qué ignorar”.
El FOMO surge en las redes sociales: el hecho de ver la vida de otros, lo que hacen, lo que no hacen, a qué lugares van, qué comieron, genera una ilusión de que las personas conocen todo de los demás y deben exponer su cotidianeidad en el mundo digital de manera constante. Frente a esto, aparece el ROMO, que es el alivio de perderse algo. Esta tendencia propone que las personas no estén conectadas todo el tiempo, que no muestren tanto lo que hacen y que interactúen con lo que tienen a su alrededor, por fuera de la virtualidad.
Desconectar para conectar
“Lo que aparece es una necesidad de recuperar experiencias que no estén mediadas por una pantalla. Volver al cara a cara, caminar, mirar un paisaje, compartir un café, encontrarse con otros, hacer algo con las manos o simplemente poder estar un ratito sin estímulos permanentes”, cuenta Vidal. La investigadora plantea que no hay que demonizar las tecnologías, sino entender que son parte de la vida pero que hay que elegir cuánto tiempo se les dedica.
“¿Cuántas veces estamos en un lugar físicamente pero nuestra atención no está allí? Podemos estar sentados frente a alguien mientras nuestra cabeza está en diez conversaciones, noticias o situaciones que ocurren en otro lugar. Si se puede recuperar la capacidad de estar presentes en una experiencia concreta, el ROMO puede tener un valor importante para el bienestar. El alivio de ‘perderse algo’ no se piensa como perder, sino como recuperar. Recuperar tiempo, atención, silencio”, añade.
El ROMO se suma así a otras tendencias que surgen con la intención de suspender, al menos por un rato, el uso constante del celular. Por ejemplo, volvieron a utilizarse las cámaras digitales, los relojes despertadores e, incluso, Nokia anunció el lanzamiento de Nokia 300 Charge, un teléfono básico similar al Nokia 1100 que también funciona como un cargador portátil.
De igual manera, muchas personas eligen poner controles parentales o temporizadores a las aplicaciones para utilizarlas por un determinado momento o, incluso, que la pantalla se ponga en blanco y negro a determinado horario para que los estímulos visuales no llamen tanto la atención. Otros eligen hacer un detox digital: abandonar el celular por una semana para que la ansiedad y la necesidad constante de estar conectados disminuya. También, existen grupos en las redes sociales que organizan reuniones alrededor de una actividad, como hacer cerámica o ver películas, en algún lugar específico que invite a que las personas se conozcan personalmente y no mediante el escenario digital.
Se tratan, en definitiva, de “maneras de recuperar algo muy valioso: la posibilidad de elegir dónde ponemos nuestra atención, un recurso finito”, define Vidal.

