
En medio del avance masivo de la inteligencia artificial generativa y sus chatbots como Chat GPT, Gemini y Meta, especialistas argentinos publicaron un manifiesto donde advirtieron que su uso escolar deteriora la capacidad de pensar y perjudica los aprendizajes de los estudiantes. En este sentido, el documento firmado por investigadores como Fernando Schapachnik, Diego Golombek, Sandra Ziegler y Nora Solari señala que estas herramientas no pueden aplicarse de forma indiscriminada, ya que en muchos casos sustituyen las actividades cognitivas que deben realizar los alumnos.
El documento va en línea con los resultados de las pruebas PISA 2025, que dan cuenta del uso extendido de estas herramientas entre los estudiantes de Argentina y el impacto que tienen. Se estima que el 52 por ciento de los alumnos utiliza alguna aplicación de IA para “ayudarse a aprender”, redactar textos, resumir lecturas y buscar información al menos una vez por semana. Sin embargo, afirma el informe de PISA, quienes declararon no utilizar IA tienden a obtener mejores resultados que quienes sí la utilizan.
En diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes, María Teresa Lugo, firmante del documento y directora del Centro de Políticas Públicas en Educación, Comunicación y Tecnologías de la UNQ, señala: “La pregunta no es ‘inteligencia artificial sí o no’, sino que es algo mucho más complejo. No rechazamos su uso porque hay algunas aplicaciones muy interesantes. Sin embargo, advertimos que la utilización de chatbots para el aprendizaje conlleva varios riesgos asociados. Incluir a la IA sin tener en cuenta la complejidad del proceso educativo es minimizar los problemas a futuro y generar un impacto negativo en los procesos cognitivos”.
Y continúa: “El aprendizaje es una actividad mediada que se construye resolviendo problemas, no alcanza con estar frente a una inteligencia artificial que te dé instrucciones. Además, se trata de un proceso social que va más allá de los resultados esperados para cada estudiante. Idealizar la IA sin una discusión de fondo y sin recaudos es ir a contramano de la evidencia”. Además de María Teresa Lugo, entre los firmantes se encuentran especialistas en educación y tecnología como Sandra Ziegler, Nora Solari, Fernando Schapachnik, Dante Zanarini y Diego Golombek.
Aunque cada vez son más sofisticados, hasta el momento los chatbots no proponen pausas para la reflexión, no favorecen la colaboración con otras personas, no dejan espacio para la duda ni para los errores. Por eso, algunos países como Noruega, e incluso ciudades como Nueva York, ya establecieron reglas y límites sobre la utilización de inteligencia artificial generativa en las escuelas. Por el contrario, el gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires anunció en marzo de 2026 la utilización de Gemini, la inteligencia artificial generativa de Google, en todas las escuelas primarias públicas.
Según la Encuesta Kids Online Argentina 2025 de Unicef, el 76 por ciento de los niños y adolescentes de entre 9 y 17 años conoce la IA generativa, y el 58 por ciento afirma haberla utilizado. En conversación con la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes, el director de la Licenciatura en Educación de la UNQ, Roberto Abdala, resalta: “El uso de inteligencia artificial por parte de los estudiantes es amplio y heterogéneo. Mientras que algunos la utilizan para resolver tareas, otros la utilizan con fines exploratorios. Aun así, se observa un proceso de crisis y tensión en las escuelas y en los tomadores de decisiones”.
Y agrega: “Por eso, varios países vuelven a plantear métodos de enseñanza más tradicionales, para que el estudiante haga el esfuerzo intelectual de resolver consignas y comprender textos sin la ayuda de la inteligencia artificial. Lo preocupante es que la IA reemplace aprendizajes esenciales y que luego los jóvenes no puedan desempeñarse en su vida adulta”.
También son responsables
Además de lo relacionado a los estudiantes, el rol de los docentes y las políticas públicas para regular el uso de la inteligencia artificial en las escuelas, María Teresa Lugo pone la lupa sobre otro aspecto que no se discute tanto: los dueños de las grandes empresas tecnológicas vinculadas a chatbots de IA, también conocidos como tecnomagnates. “Hay que discutir el lugar que ocupan los proveedores de inteligencia artificial, que fijan de antemano las condiciones de uso, las interfaces y el tratamiento de los datos”, resalta.
Frente al discurso de que la regulación mata a la innovación, la especialista en educación y tecnología exige una política soberana y cuestiona: “La pregunta no solo es si el estudiante decide usar un chatbot, sino bajo qué marco regulatorio, con qué capacidad de fiscalización y con qué margen de soberanía sobre los datos educativos se adopta una empresa”.

