Urbanismo y salud mental: un encuentro para repasar vida y obra de Le Corbusier


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El 28 de septiembre, el psiquiatra Federico Pavlovsky organiza una jornada virtual para repasar las contribuciones del fascinante arquitecto.

Imagen de difusión de "Urbanismo y salud mental".
Imagen de difusión de “Urbanismo y salud mental”.

La jornada virtual podrá seguirse por intermedio de este link, a partir de las 20 horas. Para calentar motores y trazar las relaciones entre urbanismo y salud mental, Federico Pavlovsky escribe un nuevo artículo para la Agencia de noticias científicas de la UNQ, en que aborda el rol fundamental que cumple el diseño de los espacios. 

En su célebre texto La cabeza de Goliat, Ezequiel Martínez Estrada señaló con rudeza que las ciudades estaban enfermas. Aun peor, afirmó que eran la causa de la enfermedad de sus habitantes y sentenció que solo podía resolverse tal situación a través de un gran incendio, una revolución o un terremoto.

Cuando fui médico residente de psiquiatría en el Hospital Álvarez, invité al arquitecto Rodolfo Livingston a pasar una mañana en el hospital. Por pedido de él, convencí a mis compañeros de la residencia de que era ruso, así que lo llamamos “Arquitecto Petroff” y, para sumarle extrañeza y glamour a su visita, fui traduciendo las preguntas que el público hacía. Livingston, en el rol de arquitecto ruso, saludó a las personas de seguridad, al director del hospital, personal de enfermería, a los camilleros y cocineros, se perdió dos o tres veces por el patio y bebió café porteño con mucha satisfacción.

Luego ingresamos a media mañana a la sala de internación de psiquiatría (hoy se llama de salud mental) y visitó cama por cama a los pacientes. Miró las ventanas, las instalaciones eléctricas, los baños, el office médico. Observaba con detenimiento y quizá con algo de preocupación. Se lo notaba solemne.

Hacia el final de su visita reveló su identidad y comentó en una charla con residentes de salud mental algunas de sus observaciones. Recuerdo que le llamó la atención ser recibido en el ingreso del hospital por un personal de seguridad (¿era la persona indicada para recibir a los enfermos?), luego comentó que las señalizaciones para arribar a los servicios de las distintas especialidades eran incomprensibles, laberínticas: un desafío extremo incluso para personas sanas. En la sala de psiquiatría, se horrorizó por la falta de intimidad de los pacientes, las condiciones del baño, el olor a lavandina que no dejaba respirar, la presencia permanente de luz eléctrica (los clásicos tubos de neón)y la falta de luz natural, debido a que los postigos permanecían cerrados.

Ninguno de los médicos habíamos prestado atención a estas variables, quizá centrales en una mirada retrospectiva.

Las ciudades saludables de Le Corbusier

El arquitecto suizo-francés Le Corbusier, desde comienzo del siglo XX, viene alertando respecto a los cuidados que los seres humanos deben tomar para evitar ser devorados por las ciudades que habitan. Estudioso de la geometría, dedicó su vida al diseño de ciudades saludables, de edificios humanos y disfrutables. Entendió que los habitantes necesitaban evitar largos desplazamientos a sus lugares de trabajo, intentó reordenar el tránsito con un ingenioso sistema donde los peatones y los vehículos transitaban por caminos distintos.

Planificó y construyó los primeros edificios con servicios para sus habitantes (guardería para niños, gimnasio, sala de lectura, almacenes y bares) como la Unidad de Habitación de Marsella (1952), al que un conocido psiquiatra francés acusó como el “edificio de los locos”, porque enloquecería a sus moradores. Fue el primer urbanista que pensó en la experiencia del ser humano y luego en qué tipo de mobiliario y construcción necesitaba.

Comprendió, antes que los profesionales de salud mental, que la sombra, la falta de luz natural, el sedentarismo, no poder mirar a través de las ventanas, la ausencia de espacios verdes, el ensimismamiento, el permanente ruido del tránsito y las malas condiciones de habitabilidad, influían en el espíritu y el ánimo de las personas. Las hacia “miserables” decía.

Inventor de sistemas de construcción, aparatos de aire acondicionado, vehículos y muebles. Amigo de Saint-Exupéry, voló por Sudamérica e inauguró un sistema de dibujo basado en tomas desde el aire. Pintor, intelectual y hombre fascinante, esbozó cientos de planos de nuevas ciudades (entre ellas Buenos Aires) que debían ser reconstruidas para poder albergar y contener a sus habitantes. Ningún gobierno creyó en él y excepto en la India (Chandigard), no logró construir una ciudad desde cero ni llevar a cabo sus principios de urbanismo.

Hace pocos días un reporte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), señaló la importancia de brindar atención a las condiciones ambientales como causa de enfermedad y concluyó que el diseño de las ciudades influye en el bienestar físico, mental y social de las personas. El diseño urbano debe favorecer comportamientos saludables, promover la práctica de deporte, la creación de espacios verdes y de huertas urbanas, en miras a estimular una alimentación saludable. Le Corbusier tenia razón.


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