Espectáculos a la gorra: una apuesta para que nadie se quede afuera de la cultura 

Artistas y shows para todo público protagonizan cada año las calles de la costa atlántica. Un fenómeno transformador que, además, no discrimina bolsillos.

Matías Ferreyra (El payaso Alan Brando) realiza dos funciones diarias en la Plaza Eva Perón de Mar del Tuyú. Créditos: Laura Carlos
Matías Ferreyra (payaso Alan Brando) realiza dos funciones diarias en la Plaza Eva Perón de Mar del Tuyú. Créditos: Laura Carlos

Los espectáculos en veredas, calles y plazas son una marca registrada de la Costa Atlántica cada verano. Humor, fantasía, música, magia, acrobacias y hasta narración de cuentos son algunas de las propuestas que se ofrecen en los distintos balnearios. Si bien algunos artistas desearían estar en un teatro, la mayoría tomó la decisión de trabajar en la calle desde una perspectiva ética y política. Frente a los teatros tradicionales, donde primero hay que pagar para después disfrutar, en la vía pública la lógica es la inversa. Aunque la sugerencia para la gorra (ese buzón simbólico donde la gente deja el dinero que quiere y puede) es partir del equivalente a una docena de churros en la playa o un pancho por persona, en cada función se remarca que disfruten del show y permanezcan hasta el final quienes no tienen dinero.

Así, el arte y la cultura dejan de ser un privilegio para quienes pueden pagarlo y se restituyen como derecho. Dicen que no todo lo que brilla es oro y, para estos artistas, el dinero no es la única moneda de cambio. Un aplauso, un agradecimiento y una risa a veces valen más.

Popular y democrático

Frente a la segmentación de públicos que proponen las obras en los teatros, los espectáculos que se realizan en la vía pública son para toda la familia. “El teatro es más exclusivo, en cambio la calle es más popular, puede haber cualquier tipo de persona. Acá no importa el género, el color de piel o país. Podés unir a un montón de gente en el mismo ámbito”, Señala Fernando Santillán, quien está al frente de Circo Knibal toda la temporada de verano en el centro de Mar del Tuyú, en diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la UNQ.

Para Matías Ferreyra (más conocido como el payaso Alan Brando), “el arte callejero es una forma de democratización de la cultura. Todo lo que sucede en la calle y de la manera que se da hace que tenga un alcance que al día de hoy todavía no tenemos noción. Nosotros perdemos un poco la magnitud y es lindo que todo el mundo pueda disfrutarlo, independientemente de la plata que lleve o no en el bolsillo”, destaca ante la Agencia. 

El desafío que tienen en la calle es atraer a niños y adultos. Por eso, los shows de circo suelen combinar técnicas de clown que son para los más chicos con escenas, chistes y guiños orientados para los grandes. “Los chicos siempre se entretienen, pero si el grande se aburre se lleva directamente al hijo a otra propuesta”, afirma Santillán.

El dinero no es todo 

En lo que a espectáculos y arte se refiere, primero se paga la entrada con un precio preestablecido y luego se consume aquello que se eligió. Aunque la película o el show no sea bueno, el público se queda hasta su finalización. En cambio, en los espectáculos callejeros la cuestión es al revés: primero se disfruta y luego se pone la plata en la gorra (si se tiene el dinero). Eso sí, el requisito que imponen en cada función es que no se vayan si no tienen nada para aportar.

Nerina Pérez y Fernando Santillán (Pipi y Coco) en una de las funciones de Circo Knibal. Créditos: Facebook Circo Knibal
Nerina Pérez y Fernando Santillán (Pipi y Coco) en una de las funciones de Circo Knibal. Créditos: Facebook Circo Knibal

“Cuando vas al teatro, pagás la entrada y te quedás hasta el final. Lo mismo pretendemos en la calle cuando decimos ‘vamos a pasar la gorra’. No importa si ponés o no, lo que queremos es un respeto hacia nosotros como artistas”, dice Santillán.  

En este sentido, Ferreyra destaca que, frente a las propuestas tradicionales que excluyen a quienes no pueden pagar la entrada, “el arte en la calle viene a romper un poco con ese concepto. Primero la pasamos bien, nos divertimos y nos reímos. Después, si tenemos la posibilidad lo pagamos”. 

Una propuesta diferente 

Aunque el nombre técnico es narrador oral, María Montaldo y Marcelo Guerrero se definen como cuenteros. La materia prima de su oficio es la palabra y la imaginación. A través del espectáculo Todo cabe en un jarrito (nombre tomado del cuento de Laura Devetach) se encuentran con niños y adultos para contar historias infantiles, poesías, trabalenguas y canciones.  

En conversación con la Agencia, Montaldo cuenta: “Las historias que narramos las tenemos en forma de imágenes e intentamos que aparezcan en la cabeza de quien esté escuchando, aunque van a ser distintas a las nuestras porque van a estar condimentadas de la personalidad de cada quién”. Para Guerrero, “todas las personas tienen la capacidad de imaginar. A veces está más potenciada y a veces más apagada, pero todo el mundo tiene esa posibilidad”.

Todo cabe en un jarrito nació a fines de 2019. Actualmente recorren el país a bordo de un colectivo transformado en casa rodante. Créditos: Nicolás Retamar
Todo cabe en un jarrito nació a fines de 2019. Actualmente recorren el país a bordo de un colectivo transformado en casa rodante. Créditos: Nicolás Retamar

Pese a que se sostiene que las nuevas tecnologías y las pantallas arruinaron la capacidad de imaginación, Montaldo y Guerrero lo desmienten. “Creemos que una cosa no quita la otra. Un montón de gente imagina e interactúa con nosotros en las historias, se sienten parte y en ese rato dejan el celular. Incluso pueden potenciarse porque gracias a la virtualidad pudimos conocer un montón de personas y llegar a otros lugares, además tenemos interacción con los pibes vía redes sociales”, resaltan.

Frente al dinero como moneda de cambio y al costo de las entradas para asistir a un teatro, en las calles y en las plazas los artistas pelean para que nadie se quede afuera del arte y la cultura. La puesta en valor de esas funciones, que ponen en el centro de la escena el derecho a acceder a un espectáculo y disfrutarlo sin importar qué tenga cada familia en la billetera, significan una apuesta transformadora.


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Nicolás Retamar

Redactor. Docente y licenciado en Comunicación Social.