La solución a ciertas enfermedades de la sangre suele ser el reemplazo de este tejido esponjoso que se halla al interior de algunos huesos. ¿Cómo se puede ser donante?

El momento de la llegada de un órgano para quien lo necesita es, sin dudas, un momento de alegría. El lado amargo es la pérdida de la vida del donante. Sin embargo, no hay que lamentar esto cuando se trata de la médula ósea; es un trasplante para el cual no hay lista de espera y puede realizarse de manera similar a una transfusión de sangre. En Argentina existe desde 2003 un registro nacional que permite la donación en aquellos casos en los que no se encuentra la compatibilidad entre los parientes cercanos y brinda una solución a aquellas personas que, de otra manera, no tendrían posibilidades de sobrevivir.
La médula ósea es un tejido esponjoso que se encuentra en el interior de algunos de los huesos del cuerpo como la cadera y el esternón. Su principal función es la producción de las células progenitoras hematopoyéticas (CPH), las cuales se transformarán luego en componentes de la sangre: glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas. El trasplante de CPH es lo que se conoce como trasplante de médula ósea. Se trata de una terapia que da solución a las afecciones de la sangre que son complejas de abordar. Enfermedades tales como leucemias, linfomas, mieloma múltiple, distintos tipos de anemia y neutropenia encuentran una posible solución en este tratamiento. Como los componentes de la médula pueden regenerarse, son mayores las posibilidades de encontrar donantes. No hay que acostumbrarse a vivir sin un órgano.
El registro de la esperanza
El Registro Nacional de Donantes de Células Progenitoras Hematopoyéticas fue creado el 1 de abril del 2003 mediante la Ley 25.392; forma parte del INCUCAI y está incluido también en el Banco Mundial de Donantes de Médula Ósea (BMDW, por sus siglas en ingles). Esto significa que toda persona inscripta en el registro argentino es capaz de donar CPH en el mundo a quien lo precise.
En 2019 se concretaron 1.189 trasplantes de médula: 759 fueron autotrasplantes (se utilizan las CPH del mismo paciente), 293 gracias a la donación de parientes compatibles y 137 con donantes del registro; las cifras más altas registradas desde la creación del Banco. Con la llegada de la pandemia en 2020, los sistemas de salud tuvieron que enfocarse en minimizar el impacto producido por el virus SARS-CoV-2 y esto tuvo una repercusión inevitable en los trasplantes de CPH. Para 2020 fueron 992, 86 con donantes del registro.
Para ser donante de CPH hay que tener entre 18 y 40 años, pesar más de 50 kilos y no presentar ninguna enfermedad. Es necesario concurrir a los centros de donación presentes en casi todas las provincias donde se expresa la voluntad de donar. Luego del asesoramiento con un profesional, se dona sangre y se extrae una muestra para análisis genético. Si alguna persona necesita un trasplante de médula y existe compatibilidad, desde el Banco se comunican con el donante.
Una vez que la compatibilidad fue probada, se realiza una entrevista. En ella se le informa los pasos al donante donde puede reafirmar o no su voluntad. Después se realiza un examen médico y se informan también las opciones que existen para la colecta de CPH. Las células pueden ser colectadas de dos maneras: aspiración de médula ósea o aféresis de sangre periférica. La primera se hace mediante punción de los huesos de la cadera, a través de un procedimiento realizado en quirófano, bajo anestesia y que requiere dos días de internación. En cambio, la segunda (mucho más simple) consiste en la extracción de CPH de la sangre: no requiere anestesia y solo lleva entre tres y cuatro horas. El día de la colecta se extrae sangre del brazo, similar a la donación común. El líquido ingresa a una máquina que separa las CPH mientras que el resto de los componentes de la sangre vuelven al donante mediante una vía en el otro brazo. Una vez concluido, la persona puede regresar a su casa sin problemas. Tanto en la aféresis como en la punción, las CPH vuelven a sus niveles normales alrededor de dos semanas después de la donación.
El final del camino
Una vez realizada la colecta, el trasplante se realiza de manera similar a una transfusión de sangre. La donación se efectúa bajo estrictas normas de confidencialidad y no tiene costo ni para el donante ni para el receptor. A un año de la donación, donante y receptor son consultados sobre la posibilidad de intercambiar datos de contacto. Si ambos están de acuerdo, pueden conocerse.
Las chances de encontrar un donante compatible con una persona que requiera de un trasplante de CPH se incrementan cuanto mayor sea la cantidad de personas inscriptas en el banco. Que ese número se incremente es simple, tienen que ser más las personas que se animen a ayudar.