Más calor, menos hambre: ¿por qué el verano cambia el apetito?

En esta época del año, el cuerpo prioriza la hidratación y tiende a disminuir las ganas de comer como una forma de regular su temperatura.

Créditos: La cocina de Frabisa.
Los profesionales aconsejan consumir frutas y verduras frescas ya que aportan minerales y vitaminas. Créditos: La cocina de Frabisa.

Cuando llegan las altas temperaturas, las personas cambian un plato de guiso o estofado por ensaladas, tartas y sandwiches. Las porciones se reducen y se vuelven más livianas. A priori, se podría decir que este cambio de hábito se debe al calor que emiten las comidas de invierno y que no son soportables en verano. Sin embargo, también hay cambios que suceden en el cuerpo que justifican este fenómeno, como los mecanismos que pone en juego para regular su temperatura, la digestión y la deshidratación.

En diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la UNQ, María Elisa Zenón, médica gastroenteróloga del Hospital Austral, explica: “Durante el verano, el cuerpo pone en marcha mecanismos para regular la temperatura corporal. Con el calor, aumenta la vasodilatación (los vasos sanguíneos se dilatan) y se prioriza la pérdida de calor a través de la piel y la sudoración. Además, la digestión es un proceso que produce calor, por lo que el organismo tiende a reducir el apetito como una forma natural de evitar un aumento adicional de la temperatura interna”. A esto se le suma que las altas temperaturas influyen sobre hormonas que regulan el hambre y la saciedad, como la grelina, que estimula el apetito, y la leptina, que produce la sensación de estar satisfecho. De esta manera, se favorece la sensación de tener menos hambre.

Además, Ignacio Zubiaurre, jefe del Servicio de Gastroenterología del Hospital Británico, añade: “En condiciones de calor extremo, el hipotálamo —la región del cerebro que controla tanto la temperatura corporal como el hambre— prioriza mantenernos frescos y bien hidratados, y puede suprimir las señales de hambre para no generar más calor con la digestión”. Incluso, detalla, en esta época del año el cuerpo pierde más agua por medio del sudor ya que esa es su principal forma de regular la temperatura.

Eso hace que el organismo dé prioridad a la hidratación, generando más sensación de sed que de hambre. De igual manera, el consumo de líquidos frescos ayuda a regular dicha temperatura. Por eso, muchas personas tienden a reemplazar comidas por bebidas, siempre que se incluyan líquidos con buen contenido de minerales y nutrientes, como jugos naturales y caldo, no sólo agua”, afirma el doctor a la Agencia. De esta manera, la hidratación adecuada ayuda a regular la temperatura corporal, mantener la presión arterial, favorecer la digestión y prevenir el cansancio y los mareos.

De todas formas, si bien la disminución de apetito es común, es necesario que las personas se alimenten e hidraten bien para mantener al cuerpo en buen estado. Si el calor se acompaña de una ingesta insuficiente de alimentos y líquidos, pueden aparecer síntomas como fatiga, debilidad o mareos, dolor de cabeza, baja de presión arterial, calambres musculares y, en casos más severos, deshidratación.

Es por esto que ambos médicos recomiendan ingerir frutas y verduras frescas, como la sandía, el melón, el tomate o el pepino, que aportan agua, vitaminas y minerales. También, aconsejan consumir proteínas magras en preparaciones livianas, como pescado, pollo o huevo, y lácteos, como yogur y queso fresco. “También, es preferible fraccionar las comidas en porciones pequeñas y más frecuentes, para evitar ayunos prolongados; y evitar comidas muy grasas, fritas o muy condimentadas ya que enlentecen la digestión y aumentan la sensación de pesadez”, afirma Zenón.


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