Ley de Glaciares: la lupa en las zonas periglaciares y la amenaza de destrucción minera

La nueva norma pone en riesgo a reservas estratégicas de agua dulce que se encuentran bajo el suelo en forma de hielo.

La cima del volcán Copahue está compuesto por un lago que contiene azufre y un glaciar. Créditos: LESVA.
La cima del volcán Copahue está compuesto por un lago que contiene azufre y un glaciar. Créditos: LESVA.

El Senado aprobó la modificación de la Ley de Presupuestos Mínimos para la Protección de Glaciares y del Ambiente Periglacial, más conocida como Ley de Glaciares. El objetivo de la reforma se enfoca en las zonas protegidas para habilitar el desembarco minero en lugares donde ahora está prohibido. En este aspecto, la mira está puesta en los ambientes periglaciales, zonas congeladas que pueden estar sobre o debajo de la superficie, y que representan reservas estratégicas de agua dulce. En caso de obtener la otra media sanción en Diputados, solo las zonas periglaciales que demuestren una función hídrica específica quedarán bajo resguardo, pero no el resto. Sin embargo, en diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes, la coordinadora del Inventario Nacional de Glaciares (ING), Laura Zalazar, advierte: “Consideramos que todos los cuerpos de hielo cumplen una función hídrica”.

Para comprender el modo en que la nueva Ley perjudicará a la población, la cuestión pasa por definir qué es un ambiente periglacial. En este sentido, Zalazar explica: “Se trata de un ambiente frío de alta montaña que puede congelarse en invierno y descongelarse a partir de la primavera. Cuando esa nieve empieza a derretirse, el ambiente periglacial no entrega el agua de una vez, sino que la va regulando. Por lo tanto, el ambiente periglacial tiene una función hídrica de regulación. Además, dentro del ambiente periglacial hay suelos que están congelados de forma permanente y pueden contener agua. Por lo tanto, si ese suelo contiene agua que está en estado sólido, se convierte en una reserva de recurso hídrico”. 

Y agrega: “Mientras en la superficie se encuentra la capa activa, por debajo puede haber hielo congelado y enterrado, pero el problema es que no lo vemos. Si hay mucha acumulación, lo que se puede llegar a ver son glaciares de escombros, que son los más ricos en hielo y son fáciles de identificar vía satélite. Sin embargo, el hielo no está presente de manera subterránea en todo el ambiente periglacial, sino que se encuentra en determinados sectores”.

Hasta el momento, la norma vigente define a los glaciares y al ambiente periglacial como bienes públicos y los destaca como reservas estratégicas de recursos hídricos para el consumo humano. Por eso, restringe todas las actividades que pueden afectar su condición natural. Ahora, el proyecto que ya tiene media sanción redefine el alcance de las zonas protegidas para habilitar proyectos mineros. En este sentido, sólo quedarían bajo resguardo las zonas periglaciales que demuestren una función hídrica efectiva. Además, las provincias tendrían más facultades para definir qué zonas proteger.

Desde el gobierno aseguran que el cambio favorecerá el ingreso de inversiones millonarias. De hecho, el presidente dijo ante el Congreso que “la minería se desplegará por toda la Cordillera, generando cientos de miles de puestos de trabajo”. Antes de su tratamiento en Diputados, el máximo mandatario sentenció: “Vamos a construir un marco legal robusto que permita el desarrollo primario para beneficio de todos los argentinos, con cuidados, pero lejos de prejuicios ambientalistas absurdos”.

¿Vale la pena? 

Para la coordinadora del Inventario Nacional de Glaciares, el cambio de interpretación, que habilita la explotación minera en ambientes glaciales donde hasta ahora no se permite, tendrá consecuencias negativas. “La minería tiene un impacto permanente sobre el ambiente y con esta modificación se desprotegen algunos cuerpos de hielo. Depende de muchas variables cuánto puede afectar en cada caso, pero sí hay reservas de agua dulce que corren peligro”, indica. 

Además de limitar los ambientes periglaciales como aquellos que cumplen una función hídrica efectiva, el gobierno delegará la decisión en las provincias. Para Lucas Ruíz, geólogo argentino y especialista en glaciares radicado en Chile, ese es el punto central de la reforma de la Ley: “Más allá de las definiciones, los gobiernos provinciales decidirán si vale la pena proteger o destruir un glaciar”, explica en conversación con la Agencia

Al mismo tiempo, el investigador del Conicet detalla las consecuencias: “Donde se instala una mina se convierte en una zona de sacrificio que sufre alteraciones. Las minas modifican todo porque mueven toneladas de rocas, entonces cambian la calidad del agua y contaminan los suelos, entre otras cosas. Destruir un glaciar implica perder una reserva de agua, y capaz que el costo de perderla es más alto que la ganancia que genera la mina”.

Por su parte, Zalazar resalta: “La función de los glaciares es más importante en zonas áridas y semiáridas porque aportan un extra de agua en lugares donde hay cada vez menos precipitaciones y la situación es crítica. Esta modificación podría afectar a millones de habitantes que vivimos debajo de los glaciares”.


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