Argentina quiere sumar más carne vacuna a su pirámide nutricional, pero cada vez menos gente puede comprarla

El gobierno quiere imitar la decisión de Estados Unidos. Sin embargo, los cortes bovinos aumentaron un 73,4 por ciento en 2025, el doble que la inflación.

Jubilados de San Juan hacían fila en una carnicería con cortes económicos. Créditos: Diario de Cuyo.
Jubilados de San Juan hacían fila en una carnicería con cortes económicos. Créditos: Diario de Cuyo.

El ministro de Salud argentino, Mario Lugones, anunció a través de su cuenta de X que el país va “hacia una actualización de las recomendaciones alimentarias sin sesgos ideológicos”. En este sentido, el titular de la cartera sanitaria puso de ejemplo a Donald Trump, quien a principios de 2026 modificó la pirámide alimenticia con el argumento de bajar los índices de sobrepeso y obesidad en Estados Unidos, que alcanza a casi el 75 por ciento de la población adulta. Por el lado de Argentina, el último informe indica que 6 de cada 10 adultos tienen obesidad o sobrepeso. En la búsqueda de comer más alimentos reales y menos ultraprocesados, una de las modificaciones más importantes que tiene la nueva pirámide nutricional estadounidense es el aumento en el consumo de carne vacuna. Aunque Argentina es un país con tradición ganadera y en 2025 rompió el récord histórico de exportación, su consumo interno se encuentra en caída debido al alto costo que tiene en las carnicerías.

Mientras que la inflación interanual medida por el Indec registró una suba del 32,4 por ciento, el precio de los cortes bovinos aumentó 73,4 por ciento en ese lapso. De esta manera, cada vez más personas reducen el consumo de alimentos nutritivos y aumentan la ingesta de productos más económicos, que a largo plazo pueden traducirse en malnutrición. Aunque el ministro pidió priorizar los alimentos reales, nutritivos y mínimamente procesados para prevenir enfermedades, solo una pirámide nutricional con sugerencias alimentarias no es suficiente para disminuir las cifras de sobrepeso y obesidad.

En diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes, Mariángeles Espiño, nutricionista y jefa del Servicio de Nutrición del sanatorio Trinidad Quilmes, reflexiona: “Hay que poner el foco en los alimentos naturales y los cultivos propios que produce el país. A su vez, hay que trabajar en el reconocimiento de las carnes que hay en nuestro territorio e inculcar el consumo de pescado, entre otras cosas. Esto debe ir acompañado de políticas que permitan el acceso a estos alimentos en lugares cercanos y a un precio accesible para todos”.

La pirámide de Trump

Entre las principales novedades, la pirámide estadounidense recomienda comer alimentos integrales mínimamente procesados y ricos en nutrientes. De esta manera, la base de la dieta incluye verduras, frutas, frutos secos, semillas, carnes, huevos, granos integrales, legumbres, lácteos y mariscos.

“Lo fundamental es disminuir el consumo de ultraprocesados y centrarse en alimentos naturales. Si bien la nueva pirámide estadounidense no es muy diferente a lo que ya se pregona, el problema es que, en el dibujo, las legumbres quedaron desplazadas y hubo confusión con las grasas de origen vegetal y animal. Por eso, es importante ser claros y coherentes entre lo que se dice y lo que se muestra”, explica Espiño.

Pirámide nutricional MAHA Estados Unidos.
Pirámide nutricional de Estados Unidos.
Guía alimentaria argentina.
Guía alimentaria argentina.

La batalla también está en el plato

Aunque parece un detalle menor, en la alimentación no solo entran en juego grasas y nutrientes, sino que también interceden culturas, industrias y disputas políticas. Para justificar el cambio, el gobierno de Estados Unidos sostuvo que durante décadas fueron “engañados por directrices que priorizaban los alimentos altamente procesados”. Además, la titular del Departamento de Agricultura destacó que la modificación es “para apoyar a los agricultores, ganaderos y empresas estadounidenses que cultivan y producen alimentos de verdad”.

Más allá de las recomendaciones, EE.UU. apunta de forma indirecta al rol de la OMS, organismo del cual se retiró de forma oficial a fines de enero. Al mismo tiempo, bajo el lema Hagamos que Estados Unidos vuelva a ser saludable, pone en tela de juicio el consenso científico construido en torno a la alimentación. De hecho, su secretario de Salud, Robert Kennedy Jr. (conocido por sus posicionamientos antivacunas) dijo: “Hay una gran diferencia entre la ciencia establecida y el establishment científico. Todos sabemos que confiar en los expertos no es propio de la ciencia, no es propio de la democracia, es propio de la tiranía”.


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