
Mientras que la inflación interanual medida por el Indec registró una suba del 32,4 por ciento, el precio de los cortes bovinos aumentó 73,4 por ciento en ese lapso. De esta manera, cada vez más personas reducen el consumo de alimentos nutritivos y aumentan la ingesta de productos más económicos, que a largo plazo pueden traducirse en malnutrición. Aunque el ministro pidió priorizar los alimentos reales, nutritivos y mínimamente procesados para prevenir enfermedades, solo una pirámide nutricional con sugerencias alimentarias no es suficiente para disminuir las cifras de sobrepeso y obesidad.
En diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes, Mariángeles Espiño, nutricionista y jefa del Servicio de Nutrición del sanatorio Trinidad Quilmes, reflexiona: “Hay que poner el foco en los alimentos naturales y los cultivos propios que produce el país. A su vez, hay que trabajar en el reconocimiento de las carnes que hay en nuestro territorio e inculcar el consumo de pescado, entre otras cosas. Esto debe ir acompañado de políticas que permitan el acceso a estos alimentos en lugares cercanos y a un precio accesible para todos”.
La pirámide de Trump


La batalla también está en el plato
Aunque parece un detalle menor, en la alimentación no solo entran en juego grasas y nutrientes, sino que también interceden culturas, industrias y disputas políticas. Para justificar el cambio, el gobierno de Estados Unidos sostuvo que durante décadas fueron “engañados por directrices que priorizaban los alimentos altamente procesados”. Además, la titular del Departamento de Agricultura destacó que la modificación es “para apoyar a los agricultores, ganaderos y empresas estadounidenses que cultivan y producen alimentos de verdad”.
Más allá de las recomendaciones, EE.UU. apunta de forma indirecta al rol de la OMS, organismo del cual se retiró de forma oficial a fines de enero. Al mismo tiempo, bajo el lema Hagamos que Estados Unidos vuelva a ser saludable, pone en tela de juicio el consenso científico construido en torno a la alimentación. De hecho, su secretario de Salud, Robert Kennedy Jr. (conocido por sus posicionamientos antivacunas) dijo: “Hay una gran diferencia entre la ciencia establecida y el establishment científico. Todos sabemos que confiar en los expertos no es propio de la ciencia, no es propio de la democracia, es propio de la tiranía”.

