Esteban Buch, musicólogo: “La playlist podría reflejar el modo en el que se relaciona la gente”

El docente dialogó sobre su último libro que aborda música y sexualidad. Además, reflexionó sobre el vínculo entre las nuevas formas de escuchar y de vivir.

Esteban Buch también escribió libros como 'El pintor de la suiza argentina' y compiló otros como 'Pensar Malvinas'. Créditos: Andres D'Elia.
Esteban Buch también escribió libros como ‘El pintor de la suiza argentina’ y compiló otros como ‘Pensar Malvinas’. Créditos: Andres D’Elia.

Por Matías Gonda*

Esteban Buch, ensayista, musicólogo y profesor en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París -donde dirige el Centro de Investigaciones sobre las Artes y el Lenguaje- visitó la Universidad Nacional de Quilmes en el marco del proyecto de investigación Territorios de la Música Argentina Contemporánea, dirigido por Martín Liut, para presentar su último libro: Playlist, música y sexualidad. El trabajo aborda dicha relación a partir de preguntas como: ¿qué papel tiene la música en la vida sexual de las personas? ¿Cuáles son las representaciones de la sexualidad en las obras musicales clásicas y populares? ¿Cómo podemos repensar, a partir de la sexualidad, los poderes de la música?  

Escrito de tal manera que quien lee puede hacerlo de forma lineal o aleatoria, al igual que una playlist, el libro va desde Mozart hasta Adorno, pasando por Pink Floyd, Guy Debord y Madonna, el tango, la música de películas y la vanguardia. En diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes, Buch señala que no solo importa el contenido, sino también la forma y que la escritura académica puede ser también un ejercicio literario.

-¿Cuáles fueron los desafíos de escribir el libro en clave de playlist?

-El libro se llama Playlist no tanto por la forma del libro sino porque la playlist en sí, como forma de tecnología, es la forma hegemónica en la etapa digital. Así que tiene que ver con el tema más que con la forma. Como tenía una diversidad de materiales hice un juego de espejo entre forma y contenido. De ahí vino la propuesta de lecturas distintas de estas historias, que responde a una cuestión de estética pero también a la idea de no crear jerarquías cronológicas o de abordajes. Me la paso invitando a la gente a que haga el recorrido como quiera. Sin embargo, creo que el orden en el que lo puse es la mejor manera de leerlo.

-Decidió abordar dos temas que pueden ser incómodos: la sexualidad y los gustos musicales. ¿Resultó difícil conversar al respecto con sus entrevistados?

-En líneas generales, los diálogos fueron muy agradables. En ningún momento me sentí incómodo porque a esa gente la contacté con una explicación clara de cuál era mi interés y para qué. Lo que no fue fácil fue encontrar gente que quisiera hablar de eso. De hecho, si hubiera tenido más entrevistas, hubiera hecho algo más sociológico en el sentido de que sea más variado desde el punto de vista de los perfiles sociales y generacionales.

-El campo de la sexualidad y la música no es muy estudiado, o al menos no se encuentra mucho material...

-No es un tema del que la gente hable fácilmente, a menos que el pacto esté ya explícito para decir “sí, vamos a hablar de eso”. De hecho, me llamó la atención que hay pocos trabajos de investigación sobre cómo las personas tienen sexo y qué piensan de eso, inclusive de las prácticas solitarias. En parte se debe a que el tema del género tiene una urgencia, a causa de las cuestiones de violencia y de poder.

-Usted contó que una clave para la investigación fue una obra en un teatro de París que abordada la sexualidad de manera explícita, ¿es cierto que distribuyó un folleto en el lugar para invitar a participar de la investigación?

-Sí. Ya había lanzado la investigación pero el núcleo fue eso. Como tenía el contacto con la gente de ese teatro, lo que hice fue darles un flyer en el que me presentaba, contaba que soy investigador y explicaba el proyecto. Decía que por favor me escribieran si aceptaban participar en una entrevista anónima, y así es como encontré a los tres cuartos de las personas que entrevistamos.

-Este libro fue un proceso de cuatro años, atravesó la pandemia y gran parte del tiempo estuvo solo, ¿qué rol tuvo esa soledad en el proceso creativo?

-Creo que todos tuvimos que reinventar maneras de vivir en ese período. Soy muy consciente de que mi situación no fue de soledad absoluta y por suerte fue privilegiada porque mi hija me vino a visitar y me acompañó en algunos momentos. Sin las tecnologías digitales hubiera sido mucho más tremendo; el hecho de estar conectado a un proyecto de investigación fue esencial.

-¿Está trabajando en algún proyecto nuevo?

Sí, aunque es un derivado de Playlist, no se trata de un segundo tomo. Es sobre el poder de la música, una cuestión que en realidad es muy antigua. Es un proyecto histórico más amplio porque aborda un momento muy importante de teorización de ese tema que se dio en el siglo XVIII, donde se explica por qué la música tiene un poder y llega hasta hoy. Mi tema actual se relaciona con la sexualidad y la idea es que los éxtasis eróticos religiosos son uno de los modelos de la escucha musical en situación de concierto, desde la época del romanticismo hasta esta parte.

Vivimos como escuchamos

-¿Se podría decir que atravesamos una era en la que ya vivimos en modo playlist?

-No puedo decir que sí o que no, pero sí es cierto que hay una capacidad de cambiar de tema, incluso de tener trayectorias aleatorias en muchos tipos de interacciones, que es una de las razones por las cuales la playlist es atractiva. No es solamente la tecnología en sí, sino también esa capacidad de variar. De hecho, el streaming es un fenómeno que tomó la música como etapa central de experimentación pero hoy en día cualquier producto cultural se consume de forma parecida. Podría ser acertada la idea de un momento playlist en general.

-¿Qué rol juega la escucha musical en los procesos de construcción de identidad?

-Hay toda una gama de posibilidades que la gente recorre en función de lo que le sucede, lo que desea y piensa. Esa fluidez probablemente sea un reflejo o un síntoma de época, en el sentido de cómo las personas se relacionan entre ellas y cómo los modos de acceso a los productos culturales favorecen esta cuestión.

*Matías Gonda es estudiante de la carrera en Comunicación Social de la UNQ.


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