¿Cuál es el rol y por qué hay que defender a las universidades públicas?

Aunque la función más reconocida es la enseñanza, las Casas de Altos Estudios también producen investigaciones de impacto social y se vinculan con sus territorios.

Estudiantes recorren la calle de la Universidad Nacional de Quilmes. Créditos: UNQ.
Estudiantes recorren la calle de la Universidad Nacional de Quilmes. Créditos: UNQ.

Las universidades públicas de Argentina tienen tres funciones básicas que son la enseñanza, la investigación y la extensión. Según la Ley de Educación Superior, algunos de sus objetivos son la generación y el desarrollo de conocimiento en todas sus formas; lograr el desarrollo científico, tecnológico y cultural de la Nación; y desarrollar actitudes y valores de personas responsables, con conciencia ética y solidaria, reflexivas, críticas, capaces de mejorar la calidad de vida. De acceso gratuito, muchas Casas de Altos Estudios suelen recibir a jóvenes que son primera generación de estudiantes universitarios en su familia.

Aunque en el país no es obligatoria, el derecho a la enseñanza superior forma parte del derecho a la educación, protegido en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948. En este sentido, no solo es importante garantizar el acceso, sino también brindar la mayor cantidad de herramientas posibles para que puedan finalizar sus estudios. En Argentina, se calcula que 2 millones de estudiantes se forman de manera gratuita y bajo los más altos estándares de calidad e inclusión.

La Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes dialogó con especialistas para conocer en profundidad el rol de las universidades, qué implican para las comunidades en las que están asentadas y por qué es importante defenderlas.

Universidad rima con comunidad

La extensión básicamente está vinculada a la relación entre universidad y comunidad. Es una relación de aprendizaje mutuo, es un diálogo de saberes y es un reconocimiento de actores diferentes. Es necesario vincularse con los Estados locales, con las organizaciones sociales locales y con las organizaciones empresariales para dar cuenta de cuáles son las demandas educativas, productivas y tecnológicas que están requiriendo”, resalta Raúl Di Tomaso, secretario de Extensión Universitaria de la UNQ.

Así, a través de extensión se brindan cursos de capacitación, asuntos estudiantiles y bienestar, integración social y desarrollo deportivo, programa de graduados, incubación social y programa para adultos mayores, entre otras iniciativas. Uno de los grandes programas que tiene la Universidad Nacional de Quilmes es La Bernalesa Quilmes TEC. Este proyecto está conformado por el Parque Industrial La Bernalesa, el municipio de Quilmes, el sindicato de la UOCRA y de la UOM, y la propia Universidad.

“Nos juntamos para desarrollar estrategias de formación laboral, para dar cuenta de la demanda laboral insatisfecha y de la demanda laboral futura. Una cosa es lo que te falta ahora y otra cosa es formar los puestos de trabajo que se van a necesitar el día de mañana. Y entonces ahí desarrollamos un centro de formación laboral y después una escuela de oficios profesionales y tecnológicos”, explica Di Tomaso.

En esa escuela de oficios tecnológicos se brinda capacitación gratuita en ciencia de datos, economía digital, alfabetización digital, servicios tecnológicos, automatización y robótica, artes digitales y programación. Incluso, se les reconoce la trayectoria y los saberes adquiridos a aquellas personas que luego deciden continuar sus estudios en la Universidad.

Producir, transferir, transformar

Como marca la Ley de educación superior sancionada en 1995, uno de los fines de las universidades es promover el desarrollo de la investigación para lograr el desarrollo científico, tecnológico y cultural de la Nación. Patricia Gutti, secretaria de Investigación de la Universidad Nacional de Quilmes, explica al respecto: “La universidad es un actor básico de cualquier proceso de desarrollo, no solamente porque forma a la gente que va a llevar adelante ese proceso, sino también porque de ahí salen los principales conocimientos científicos que van a hacer posible ese cambio tecnológico”.

La Universidad Nacional de Quilmes se destaca por la gran cantidad de investigaciones y desarrollos que se llevan a cabo en sus aulas y laboratorios. Especialistas que desarrollan un inhibidor para combatir el cáncer de mama, otras que diseñan un método de detección temprana del Virus del Papiloma Humano, productos para eliminar el glifosato de los alimentos, envases inteligentes que detectan alimentos en mal estado, estetoscopios de simulación virtual y control biológico de hormigas son solo algunos de los tantos trabajos que se realizan en la Universidad.  

La función de investigación que tiene la Universidad está íntimamente relacionada y mezclada con la formación de recursos humanos. Porque mientras investigamos, formamos recursos humanos. Entonces, la Universidad tiene un papel central en este proceso y en este entramado que nos permita sostener una estrategia de desarrollo positiva”, afirma la secretaria de Investigación.

En este aspecto, Gutti remarca la importancia del Estado como sostén de la ciencia y la tecnología de un país. “La ciencia y la tecnología básica tiene que ser financiada desde los Estados. En el corto plazo, si se paralizan las investigaciones, es casi imposible volver a retomarlas. El impacto a mediano y largo plazo es que esas investigaciones truncas dejan de formar a los estudiantes”.

Enseñar para democratizar

Las últimas décadas fueron testigos de grandes cambios para la docencia, la enseñanza y el aprendizaje. La aparición de los dispositivos virtuales, los cambios que dejó la covid y la inteligencia artificial son algunas de las causas más trascendentes.

Daniel Badenes, secretario académico de la Universidad Nacional de Quilmes, señala: “La docencia constituye un desafío constante, pero actualmente lo es más porque el contexto nos atraviesa con múltiples problemáticas. Venimos de una pandemia, que en el ámbito educativo para muchos y muchas implicó una incorporación abrupta de herramientas digitales en los procesos de enseñanza y aprendizaje, que todavía tenemos que pensar, organizar y capitalizar, para lo cual es fundamental la formación docente. Estamos también frente al desafío de cómo incorporar la inteligencia artificial generativa de manera que sea una herramienta bien utilizada y no un fantasma o una sospecha”.

Desde la docencia, la Universidad no es ajena al momento social, político y económico que atraviesa el país. En línea con los objetivos de la Ley de Educación Superior, las aulas son el lugar de la reflexión y la crítica, del habla, pero también de la escucha atenta.

“Es fundamental que tengamos las universidades abiertas y las mentes abiertas en este contexto. Es un momento para conversar mucho con las y los estudiantes, en su mayoría jóvenes, que llegan a la universidad. Y conversar es decir, es afirmar, pero también escuchar. Tenemos que ejercer la docencia sobre nuestros campos específicos, pero también entender que la universidad forma ciudadanos y ciudadanas, y tiene que hacerlo partiendo del pluralismo y la escucha. La Universidad es un espacio democrático, de construcción de soberanía, y que sin conocimiento no hay libertad posible, y hoy tenemos que hacer nuestro mejor esfuerzo para evidenciarlo en las aulas”, subraya Badenes.


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Nicolás Retamar

Redactor. Docente y licenciado en Comunicación Social.