
“El punto más polémico es la degradación de la jornada de trabajo de 8 horas, para llevarla a 12 horas. Esta iniciativa termina con una política que tiene alrededor de 100 años. Por un lado, ante el aumento de la productividad, se justificaría tener menos horas de trabajo. Por otro lado, el banco de horas que crean, donde un día podés trabajar 12 horas y al otro día 4, no está explicitado cómo se regulará. Entonces, lo que se vende como un beneficio para el trabajador en realidad es una negociación muy desigual entre el empleador y los empleados, que ya no podrán planificar su tiempo libre”, explica Seijo.
Al mismo tiempo, el docente de la Universidad reflexiona sobre el modelo sindical argentino y los cambios que propone la reforma laboral. Hasta ahora, las negociaciones salariales son colectivas y por rama de actividad. Por ejemplo, el sindicato de los trabajadores bancarios negocia con los representantes de los empleadores, y el convenio que surge de ese acuerdo se aplica de igual manera para todos los empleados a nivel nacional. En cambio, lo que propone la Modernización Laboral es descentralizar los acuerdos y que los gremios, en el mejor de los casos, negocien con cada empresa. “Lo que conlleva esto es a una situación desigual que debilita a los trabajadores y tiende a bajar el salario”, subraya Seijo.
Además, el director de la Licenciatura en Gestión de Recursos Humanos y Relaciones Laborales de la UNQ hace hincapié en las indemnizaciones por despido. Hasta ahora, cuando un trabajador es despedido tiene que cobrar una suma de dinero que contempla años de antigüedad, aguinaldo, vacaciones y otras variables. En caso de sancionarse la reforma laboral, solo cobrará la antigüedad. A su vez, la iniciativa que impulsa el Ejecutivo contempla la creación de un Fondo de Asistencia Laboral (FAL) para cubrir las indemnizaciones.
“El FAL es algo con lo que vienen insistiendo hace años. El objetivo es crear una especie de entidad financiera, como en su momento fueron las AFJP y las ART, que desligaron al empleador de afrontar en forma directa el pago de la indemnización por despido. Si se aprueba la reforma, ya no tendrían que enfrentar el costo económico, sino que lo pagaría el FAL”, detalla Seijo.
Y continúa: “Si bien esa plata la pone el empleador, se le deduce de lo que paga al ANSES para aportes jubilatorios. Por lo tanto, al bajar los aportes, se desfinancia el sistema previsional porque habría menos dinero disponible”. Por último, Feijo agrega a las vacaciones (donde el empleador tendrá más potestades sobre sus trabajadores para decidir cómo fraccionarlas) y a la derogación de legislaciones específicas, como es el caso del estatuto del periodista, como los principales problemas de la Ley de Modernización Laboral.
Ganadores y perdedores
Cualquier reforma laboral apunta a regular los derechos y las obligaciones que tienen los empleadores y los empleados. Por eso, una de las preguntas es quién sale favorecido y quién sale perjudicado con la Modernización Laboral. En este aspecto, Feijo afirma que pocos jugadores saldrán beneficiados si se aprueba la nueva Ley. “La reforma favorece a los sectores más concentrados del capital, porque logra más derechos para el empleador y menos para el trabajador. Aunque haya pymes que celebren que pueden despedir más fácil, lo que las perjudica es el contexto económico con recesión y caída de la demanda. En todo caso, los que no se ven tan afectados por esta crisis son los que no dependen solo de una economía como la de Argentina, porque tienen diversificado sus intereses en distintas partes del mundo”.
Desde el Poder Ejecutivo argumentan que la nueva norma quita regulaciones al mercado para incentivar la contratación y fomentar el crecimiento económico. Sin embargo, en períodos anteriores, las desregulaciones que impulsaron en perjuicio de los trabajadores no revirtieron los altos niveles de desempleo ni la economía. Como contrapartida, la ampliación de derechos en favor de los empleados coincidió con bajos niveles de desempleo.
A diferencia de lo que plantea el gobierno nacional, Feijo subraya que la reforma no impactará en la economía. “La evidencia empírica demuestra que las leyes laborales no dinamizan la economía, sólo regulan derechos y obligaciones de las partes. Lo que se necesita es un plan de industrialización que tenga como punta de parte a la educación y al sistema científico y tecnológico para agregar conocimiento, valor y competitividad. Lejos de eso, las políticas que llevan adelante reprimarizan la economía y apuntan a la extracción de los recursos naturales”.
Una modernización de verdad
El Poder Ejecutivo justifica la necesidad de una nueva Ley porque la normativa actual que regula las relaciones laborales tiene más de 50 años. En ese lapso, los avances tecnológicos no solo modificaron las formas y los tipos de trabajo, sino que aumentaron la productividad. Es decir, en una misma cantidad de horas se produce más que hace 50 años. Mientras los países buscan nuevas regulaciones e impulsan la reducción de la jornada laboral, Argentina va para el lado contrario. Por eso, Feijo propone algunos ejes para una reforma acorde a los tiempos que corren.

