Lejos del fin del mundo, los rumores sobre la inteligencia artificial solo esconden sus impactos reales

Especialistas advierten que los mensajes de “riesgo existencial” vinculados al avance de la IA son operaciones de los empresarios para obtener más inversiones, limitar la regulación e invisibilizar los daños que produce en el ambiente y las personas.

Un robot dialoga con un humano. Créditos: Elma Okic / ONU.
Un robot dialoga con un humano. Créditos: Elma Okic / ONU.
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El 8 de septiembre, Jacob Coxon realizó una publicación en X que ya superó los 171 millones de vistas. Allí, el estadounidense dijo que renunciaba a Anthropic, una de las principales empresas de IA famosa por desarrollar el chatbot Claude, y habló de una superinteligencia artificial que “podría matarnos a todos hacia finales de década”. Ante esta situación, algunos magnates tecnológicos de Silicon Valley mostraron su acuerdo a través de redes sociales para ralentizar el desarrollo de la IA e implementar algún tipo de regulación. Las palabras de Coxon generaron una ola de miedo e incertidumbre a nivel mundial. De hecho, el responsable de ONU Derechos Humanos pidió controlar la inteligencia artificial “antes de que se convierta en un riesgo existencial”. Sin embargo, en diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes, especialistas argentinos ponen paños fríos al temor y advierten que se trata de una operación para esconder los problemas reales que genera. 

Ante una supuesta apocalipsis marcada por una superinteligencia, al estilo de Terminator 2 y otras películas de ficción, Milagros Miceli, una de las 100 personas más influyentes en IA durante 2025 según la revista TIME, es clara: “La supuesta renuncia de Jacob Coxon a Anthropic en realidad es una opereta. La pregunta es por qué lo hacen. Se hablaba de una posible salida a la bolsa y se especula con que todas las inversiones que recibieron hasta ahora no las pueden sostener, ya que no pueden cumplir con las promesas de una superinteligencia que iba a estar lista en 2024 y aún no está. No hay apocalipsis tal. Es más humo y chamuyo que otra cosa”. 

En la misma línea, el exdirector ejecutivo de la Fundación Sadosky, Fernando Schapchanik, agrega: “Las empresas de tecnología detrás de la IA están lejísimos de ser sustentables y necesitan miles de millones dólares en inversión. Para atraer inversores, generan expectativas con la inteligencia artificial general, cosa que no lograrán con esta tecnología predictora de palabras. Entonces, generar miedo les permite estar en boca de todos y mostrar poderío. Al mismo tiempo, ellos desean ser regulados para echarle la culpa por la ralentización de sus desarrollos”.

Maniobra de distracción

Mientras los principales portales del mundo debaten sobre los riesgos de una superinteligencia artificial y el apocalipsis, Milagros Miceli y Fernando Schpachnik expresan otras preocupaciones.

“Me causa un poco de ‘gracia’ la mirada apocalíptica, como si ahora viviéramos en el jardín del Edén. Este escenario catastrófico lo utilizan para que no prestemos atención a los problemas que generan actualmente vinculados al impacto de los aprendizajes en la educación, la incertidumbre en el empleo y la concentración del poder”, explica Schpachnik.

Por su parte, Miceli añade: “Lo que hacen es oscurecer el debate y esconder problemas muy reales que tenemos con estas tecnologías, como los data centers con el uso indiscriminado de agua y de energía, la contaminación ambiental, la explotación de los y las trabajadoras de datos, el robo de nuestra propiedad intelectual y el daño sobre la cognición que producen”.

Quién regula a la IA 

Aunque los CEOs de Anthropic y Open AI, Dario Amodei y Sam Altman, están peleados y ni siquiera se dan la mano en público, sí se alinearon junto a Elon Musk (exministro de desregulación de Donald Trump) para alarmar sobre el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial y pedir regulación. Frente a esta situación, Miceli cuestiona el objetivo de fondo. 

“No es que ellos representan al bando bueno o ético de la inteligencia artificial. En realidad, Dario Amodei intenta posicionarse como el bueno e intenta hacer una captura de cualquier posibilidad de regular la inteligencia artificial general, lo mismo que hizo Altman hace dos años. Es una jugada que se repite para autorregularse y truncar una regulación real”, subraya la especialista. Más allá de la disputa entre China y Estados Unidos por quién gana la carrera de la inteligencia artificial, la pregunta que gira en torno a esta tecnología está vinculada a la regulación. 

Al respecto, el presidente del Consejo Asesor del Laboratorio de Innovación y Tecnología Aplicada al Trabajo (LITAT) del sindicato de informáticos de Argentina, Luis Papagni resalta: “La discusión no debería ser simplemente si regular o no, sino que debemos plantear qué queremos proteger y cómo queremos hacerlo. Además, tenemos que preguntarnos qué cosas queremos promover para no cortar la innovación, y qué riesgos estamos dispuestos a asumir”.

Y continúa: “Hay que promover la tecnología y establecer reglas claras. No podemos permitir que el miedo se use para bloquear la innovación, ni que el entusiasmo se use para bloquear la regulación y el control”.


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