Casas de fuego: un film con mirada social para visibilizar el Chagas


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Este viernes es el Día Nacional por una Argentina sin Chagas. En su artículo, Lía Gómez* recomienda una película emblemática que aborda la enfermedad desde una perspectiva social y humana.  

Fragmento del film dirigido por Juan Bautista Stagnaro, que en 1995 narra la historia de Salvador Mazza.

Desde 2011, por la  Ley Nacional 26.945, el último viernes de cada mes de agosto se establece el Día Nacional por una Argentina sin Chagas. La fecha permite recordar un film de ficción, dirigido por Juan Bautista Stagnaro, que en 1995 narra la historia de Salvador Mazza, un médico argentino que dio su vida peleando por concientizar sobre los peligros del Chagas en las zonas más olvidadas.

“Casas de Fuego” es una película argentina que reconstruye desde la ficción la investigación  del Dr. Mazza sobre la tripanosomosis americana, más conocida popularmente como el mal de Chagas. La vinchuca, o insecto de la familia de los triatominos, propaga la enfermedad  a través de las heces que instala el parásito Trypanosoma cruzi al picar a los seres humanos.  Es una enfermedad vectorial que si bien detectada a tiempo es posible de paliar y hasta curar, en la mayoría de los casos se convierte en una patología crónica que produce complicaciones cardíacas.

Un mal silenciado

El film de Stagnaro se enmarca  en la expedición de Mazza y su esposa Clorinda Razori a la provincia de Jujuy, donde funciona a partir de 1929 la Misión de Estudios de Patología Regional Argentina (MEPRA) dependiente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. A partir de convivir con las comunidades de la zona descubren que el Chagas es una enfermedad endémica y que afecta tanto a las personas como a los animales. Estos estudios, que retoman los del brasilero doctor Carlos Chagas, se convierten en una discusión científica con una medicina que oculta la enfermedad como parte de los entramados del poder económico, político, religioso  y cultural.

Como señalaba Ricardo Piglia, muchas veces la ficción narra aquello que en el discurso de lo real no puede ser contado. Los ranchos, la falta de recursos básicos, el sopor del calor sobre el cuerpo social y el enfermo de los pacientes, se cruza con el escenario de laboratorios, discusiones en universidades y debates sobre la demanda política y religiosa de comprender a la medicina también desde la perspectiva sociocultural que la estructura.

Miguel Ángel Sola interpreta a Salvador Mazza, y recorre unos paisajes desolados con niños y niñas que la cámara observa en cada gesto casi antropológico más allá de la ficción como género en la puesta dramática. Recuperando la tradición de Jorge Prelorán, Stagnaro ubica la cámara como parte de la mirada social que construye, y si bien, las escenas ficcionadas exponen una fina línea entre el drama argumentativo y el discurso científico, la puesta en su conjunto logra reponer los debates de la época y la complejidad de una ciencia que dialoga con la sociedad en la que se gesta.

“Casas de Fuego” permite recuperar la disociación entre el lugar impoluto de la ciencia y la necesidad de desandar caminos que permitan seguir comprendiendo el lugar de la investigación científica como imposible de desvincular de las condiciones socioculturales. Pero también, apuesta a un modo de divulgación que posiciona a la ficción como un andamiaje necesario para instalar los temas en el imaginario. El hecho dramático es la lucha de Mazza, Razori y su equipo por instalar la preocupación por la enfermedad, los obstáculos que encuentra en una mirada ortodoxa, y la vigencia de un debate.

En un pasaje del film se intercambian chocolates por una gotita de sangre para análisis. La recuperación desde la ficción de estas historias, de la que no se guarda registro de archivo fotográfico ni de correspondencias, habilita a encontrar el modo de instalar los argumentos por los cuales el Chagas sigue siendo, como sostiene Ricardo Preve, en un documental (género más legitimado como lugar de la verdad) un mal silencioso.

El presente del Chagas

El Chagas sigue siendo hoy una enfermedad endémica en las zonas de Catamarca, Córdoba, La Rioja, Chaco, Formosa, Mendoza, Salta, Santiago del Estero, San Juan, Corrientes, Entre Ríos, Jujuy, La Pampa, Misiones, Neuquén, Río Negro, San Luis, Santa Fe y Tucumán. Pero también, en Buenos Aires se propaga la enfermedad a través de varios factores entre ellos la transfusión de sangre y la donación de órganos. Es necesario seguir concientizando sobre un adecuado control en las áreas más afectadas, en los bancos de sangre, los estudios materno infantiles y la preocupación de seguir avanzando hacia una vacuna. 

Entre las recomendaciones del Ministerio de Salud de la Nación se establece ventilar diariamente las habitaciones, camas y cunas. Limpiar en los espacios oscuros de la casa, revisar los objetos amontonados, limpiar asiduamente corrales, establos. Cubrir grietas y  agujeros de las paredes y techos. No dejar que perros y gatos duerman al interior de la vivienda. Mantener limpios los techos de paja. También los palomares en las zonas urbanas  constituyen sitios de cría de las vinchucas.

-Más información: https://www.argentina.gob.ar/salud/glosario/chagas


*Lía Gómez es coordinadora del Programa de Cultura de la UNQ.

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