Adrián Gorelik: “Estamos en una ciudad fragmentada, muy desigual y muy inequitativa”

El docente e investigador de la UNQ realiza un repaso sobre los espacios públicos, la Ciudad de Buenos Aires y el rol del Estado en su entramado.

Adrián Gorelik posa con la primera edición de La grilla y el parque realizada por la Universidad Nacional de Quilmes. Créditos: Nicolás Retamar
Adrián Gorelik posa con la primera edición de La grilla y el parque realizada por la Universidad Nacional de Quilmes. Créditos: Nicolás Retamar

Adrián Gorelik es arquitecto e historiador. Primero estudió arquitectura y en la década del 80 decidió que su presente y su futuro estarían ligados a la historia. Quizás sea por esa fusión entre edificios y relatos que sus estudios se centran en la ciudad. Entre otras referencias, Gorelik es docente de la Universidad Nacional de Quilmes, investigador del Conicet y fue nombrado profesor Simón Bolívar en la Universidad de Cambridge. Autor de libros como Miradas sobre Buenos Aires y La ciudad latinoamericana, repasa en esta entrevista con la Agencia de noticias científicas de la UNQ el pasado y el presente de la Ciudad de Buenos Aires. Además, retoma algunos planteos realizados en La grilla y el parque, libro editado por la UNQ.

-¿Por qué sus estudios se centran en la ciudad?

-Hay una larga tradición historiográfica sobre la ciudad. Sin embargo, el momento en que me dedico a la historia es una década muy particular para la ciudad en general y para la ciudad latinoamericana en particular, porque nuevamente se convierte en una suerte de clave para pensar la modernidad. La ciudad era un gran tema de la agenda cultural y política, entonces uno sentía que estaba estudiando algo que podía aportar al debate colectivo.

-¿Cuáles eran las discusiones en torno a la ciudad latinoamericana en aquel entonces?

-La década de 1980 tiene transiciones democráticas y fin de dictaduras en la región. El tema de qué es la modernidad latinoamericana y cómo hay que pensarla adquiere una relevancia muy intensa y tiene a la ciudad en la base del debate. Qué es, de dónde sale y las discusiones en torno a la modernidad o posmodernidad de la ciudad fueron las preguntas claves de aquellos años. En ese momento se planteaba que la ciudad se había vuelto posmoderna sin pasar por la modernidad.

-¿Qué pasa con la Ciudad de Buenos Aires en aquellos años de primavera democrática, crisis y llegada del menemismo?

-Buenos Aires comienza a sufrir transformaciones muy importantes cuando la ciudad elige salir del letargo y la crisis prolongada en la que había caído en los años 70 y 80. A partir del menemismo, la crisis comienza a superarse pero hacia un modelo de ciudad no integrada y fragmentada. Este esquema llamó la atención porque una de las tradiciones de Buenos Aires fue favorecer mucho la integración. En este nuevo proceso desaparece el rol del Estado, que había sido un factor fundamental en la conversión de la ciudad como una suerte de motor más de la integración social entre fin de siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX.

-Sarmiento fue un actor muy importante para la ciudad en la segunda mitad del siglo XIX. De hecho, le asigna a los parques funciones que no solo tienen que ver con la recreación.

El parque para Sarmiento es una gran máquina de integración social y de impulso productivo. Él imaginaba un parque en que no hubiera extranjeros ni nacionales, ni pobres ni ricos. Un parque como catedral laica, como el lugar de encuentro de la sociedad, como un espacio público. Pero al mismo tiempo, inspirado en la Quinta Normal de Santiago de Chile y sobre todo en su viaje norteamericano, veía al parque como una suerte de semillero de la productividad del país nuevo. Entonces, el parque tenía que tener no solo viveros, árboles, jardín zoológico y botánico, sino también tenía que tener el corazón del factor productivo.

-A partir de las décadas siguientes, las clases altas comienzan a subir al norte de la Ciudad. Sin embargo, a diferencia de lo que sucede en la actualidad, el Estado tiene un rol protagónico.

-A través del mercado, el desarrollo efectivo de la ciudad se desplaza hacia el norte con las clases más acomodadas. Después del centenario de 1910 y la década siguiente, se empieza a definir un eje norte de las clases más pudientes. Pero frente a esa realidad, el Estado actuó como compensador y moderador de esa tendencia durante por lo menos la primera mitad del siglo XX. Por ejemplo, Parque Patricios viene a ser una suerte de Palermo al sur. Como el mercado eligió el norte, el Estado trató de regularlo e invertir mucho en intervenciones públicas y espacios públicos hacia el sur. 

-¿Cuáles son los problemas que Buenos Aires sufre como ciudad en la actualidad?

-Buenos Aires tiene grandes problemas heredados del siglo XX que no ha resuelto ni está dispuesta a resolver. Uno de ellos es la gestión separada entre Capital y Gran Buenos Aires, que es realmente tremendo por las dificultades que implica para tratar los grandes temas territoriales y ambientales de la ciudad que no reconocen límites jurisdiccionales. No digo unificar todo porque sería una dimensión política imposible, pero sí construir instrumentos refinados de coordinación para las políticas públicas entre Capital y Gran Buenos Aires (GBA).

-Una de las críticas a la gestión de la Ciudad de Buenos Aires tiene que ver con su desigualdad estructural

-No encontramos una nueva manera de pensar la ciudad para que intente funcionar como un factor de absorción de la diferencia, de integración y equilibrio. Estamos en una ciudad fragmentada, muy desigual y muy inequitativa. En la capital de una nación que tiene cerca del 45 por ciento de pobreza, 50 por ciento de desocupación y trabajo en negro, la ciudad no puede manifestarse de otra manera. De alguna manera, es la manifestación material de cómo la sociedad elige y decide vivir, entonces tenemos estas ciudades con enormes desequilibrios, desigualdades y con pocos instrumentos para pensar de un modo sofisticado la gestión pública.


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Nicolás Retamar

Redactor. Docente y licenciado en Comunicación Social.