Hacia una gestión universitaria con mayor perspectiva de género


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“Hay que cambiar conciencias y transformarlas”, sostiene Diana Vargas Hernández, referente colombiana que promueve más derechos para las mujeres.

Diana Vargas Hernández en la sede la de Universidad Juan de Castellanos.

Diana Vargas Hernández es doctora en Ciencias de la Educación y comunicadora social organizacional. Hace 4 años trabaja en la Universidad Juan de Castellanos de Tunja, Boyacá (Colombia). Es coordinadora de investigación e innovación y realiza su trabajo con mirada de género. En diálogo con esta Agencia de Noticias Científicas de la UNQ, señala que una de sus principales metas se vincula con lograr prácticas de mayor equidad al interior de la institución universitaria para, en una segunda instancia, poder impactar en su comunidad y en las niñas.

Gestión con perspectiva de género

“Soy coordinadora de investigación e innovación y me decido a formular, orientar y dirigir las políticas en estos campos”, explica Vargas Hernández. La investigadora cuenta que funciona como “una cascada”: los lineamientos emanan de los ministerios de Educación y Ciencias nacionales y tienen que implantarse en los procesos de investigación formativa y en los grupos de investigación de los docentes.

Al discutir qué criterios se tienen en cuenta, Vargas Hernández expone que en la Universidad hay una política orientada a investigación con propósito, eso supone que los proyectos deben responder a problemáticas reales de la región. “Ayudar a mejorar la calidad de vida de la población es nuestro principal objetivo”, sostiene. Los proyectos de investigación tienen una duración de dos años y se evalúa la coherencia y la factibilidad, y especifica: “No se trata de cambiar el mundo sino proponer objetivos realizables en el tiempo y con el presupuesto asignado”.

Vargas Hernández destaca que están en un proceso de implementación de indicadores de género ya que el ministerio de Educación así lo requiere: los programas tienen que tener diversidad. “Nosotros priorizamos que en los equipos de investigación haya mujeres y también que haya procesos formativos de jóvenes investigadoras. Si bien al principio hubo resistencia, tengamos en cuenta que estamos en una institución patriarcal, los avances existen, es un proceso muy suave”, cuenta. La estrategia es empezar a implementar políticas tales como cantidad de contratos similares para investigadoras e investigadores. Afortunadamente, las dinámicas del ministerio de educación acompañan.

Hay ciertos temas que frente a la ética de la iglesia católica no podemos abordar, como el aborto. Nos toca mantener cierta línea conservadora en esos aspectos tratando de incorporar dinámicas de equidad de género y derechos de las mujeres y las comunidades diversas”, expone la investigadora. Sin embargo, ya habrá cambios porque se trata de un proceso de madurez social y organizacional. “Ver que todo el mundo está hablando del tema, lo está aceptando y lo está incorporando, nos obliga a no quedarnos atrás. Es un camino que se traza y se acomoda de manera constante”, reflexiona.

Resultados que se ven

La investigadora cuenta con entusiasmo que se han desarrollado estrategias desde la base. Un ejemplo virtuoso fue la realización de un taller para niñas científicas de 8 a 12 años, cuyo objetivo es desarrollar vocaciones científicas y tecnológicas desde muy temprana edad. Una de estas niñas, que además era migrante, pudo realizar un curso virtual de la NASA y su familia entendió la importancia de acompañarla en este proceso.

Otra de las estrategias consiste en el diseño de proyectos de investigación sobre derechos de las mujeres. “Hay un proyecto de identificación, reconocimiento y prevención de violencia de genero en mujeres universitarias que inició hace 3 años. Nació de un grupo de profesoras de derecho que, en diálogo con sus alumnas, encontraban situaciones donde los derechos eran vulnerados y ellas ni siquiera eran capaces de reconocerlo”, alerta la investigadora.

Esto dio pie a una universidad con apertura a la ciudad. “También tuvimos la oportunidad de trabajar con la secretaria de la mujer generando estos procesos formativos con las mujeres que participan en los proyectos sociales del municipio. Así pudimos proyectarnos hacia el occidente de Boyacá, una región minera de explotación de esmeraldas que ha sufrido tiempos de violencia. Hay mujeres allí que se dedican a la explotación del cacao y se están organizando; hicimos con ellas un trabajo de identificación de sus derechos”, destaca. Y remata su explicación: “Estas comunidades del interior suelen ser conservadoras y el solo ejercicio de reconocer las violencias, no se ha dado. No se daban cuenta de que estaban en situaciones de mucho riesgo. Creo que hay que cambiar conciencias y transformarlas, esto es difícil pero necesario”.


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Nadia Chiaramoni

Licenciada en biotecnología. Doctora con mención en ciencias básicas y aplicadas