Santiago Liaudat: “Estamos ante el riesgo de un cientificidio”

El filósofo y especialista en temas de ciencia, tecnología y sociedad dialogó acerca del momento que atraviesa el país y sus posibles consecuencias.

Santiago Liaudat también es docente de Filosofía en la Universidad Nacional de La Plata.
Santiago Liaudat también es docente de Filosofía en la Universidad Nacional de La Plata.

A partir de la asunción del nuevo gobierno, uno de los sectores que recibió el ajuste fue el de ciencia y tecnología. Altos cargos que demoraron su nombramiento, despidos y recortes presupuestarios transformaron el panorama en una incertidumbre constante. Para conversar acerca de esta situación y las consecuencias que implicarían continuar con esta política, la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes dialogó con Santiago Liaudat, filósofo y magister en Ciencia, Tecnología y Sociedad que forma parte de la Red de Pensamiento Latinoamericano en Ciencia, Tecnología y Sociedad (Red Placts) y la Mesa Federal por la Ciencia y la Tecnología.

-¿Qué análisis hace del momento que está atravesando la ciencia y la tecnología en Argentina?

El momento es extremadamente grave, crítico y preocupante, ya no sé cómo adjetivarlo. Venimos de una campaña electoral que ya daba indicios de lo que está sucediendo hoy, es decir, que hay una idea que está guiando a la gestión de gobierno actual.

-¿En qué consiste esa idea?

-Básicamente, que la ciencia y la tecnología en manos del Estado no tiene nada que hacer. En la campaña electoral, el presidente dijo que había que cerrar el Conicet directamente. Como emblema de la ciencia, en Argentina es mucho más que eso ya que también las universidades y un conjunto de organismos descentralizados forman parte del sistema. Una vez que asumieron, fuimos desjerarquizados y retrocedimos.

-¿Qué tiene de especial el ajuste en este sector?

-Más allá que recae sobre todo el sector público, la particularidad es que el ajuste sobre ciencia y tecnología impacta sobre un sector que tiene mucha movilidad internacional.

-¿Qué quiere decir esto?

-Que si ajustás en el sector de ciencia y tecnología, limitás las posibilidades de desarrollo profesional porque no podés hacer investigación, porque los salarios son salarios muy bajos, porque estás imposibilitado literalmente de hacer tu trabajo y está siempre la puerta abierta en el sector de ciencia y tecnología para emigrar del país, lo que se conoce como la fuga de cerebros. Entonces, no es un sector cualquiera en el sentido de cómo impacta el ajuste, ya que acentúa un problema estructural como es la pérdida de recursos humanos calificados.

-¿Se puede desarrollar un país sin ciencia?

Hoy es imposible pensar la producción, el comercio, los servicios y el comportamiento de una sociedad sin considerar la ciencia, la salud y la educación. Lo que estamos viviendo es un retorno a un oscurantismo del cual no sé si hay algún registro previo en la historia argentina. Se trata de un ataque permanente a la ciencia de parte no solo del presidente, sino de otras figuras del gabinete que desmerecen permanentemente la actividad científica y nos atacan como si fuéramos ñoquis, palabra que ha sido el chivo expiatorio para justificar cualquier cosa.

Resistir para sobrevivir y transformar

-¿Cómo se le puede hacer frente a esta situación que se plantea desde el gobierno nacional?

-Creo que hay que trabajar en varias líneas en simultáneo. De hecho, en buena medida lo estamos haciendo, por ejemplo, a partir de la constitución de la Mesa Federal por la Ciencia y la Tecnología, que es un ámbito de articulación que se ha creado donde distintos agrupamientos de todo el país nos reunimos para actuar de conjunto, tener más fuerza y tratar de incidir en la discusión pública.

-¿Cuáles serían esas vías?

-En la discusión política, por ejemplo, un ámbito de acción es el Congreso de la Nación, porque las políticas de gobierno tienen que traducirse en leyes. En este sentido, el 15 de marzo haremos una jornada de deliberación legislativa en el ámbito del Congreso, desde la Ciencia y la Tecnología, hacia y con diputados de la Nación. Luego está el plano sindical de defensa de los derechos, del enfrentamiento a los despidos, a la precarización y al deterioro salarial. Otra dimensión tiene que ver con el papel de la comunicación pública de la ciencia, que es comunicarnos con la sociedad y establecer un puente. Porque, en definitiva, nuestra función es una función social. También estamos trabajando en un festival en torno a la ciencia que se realizará en abril y será en plazas públicas.

-También diferentes científicos de otras latitudes se manifestaron en apoyo a la ciencia argentina…

La solidaridad internacional es otra de las líneas. La ciencia tiene un aspecto muy internacionalizado y hay algunas acciones de solidaridad muy concretas. Hasta el vocero presidencial tuvo que salir a responder sobre este tema que, evidentemente, genera un impacto.

-Y las movilizaciones sociales, ¿qué rol juegan?

-Lo que tiene que ver con la movilización en conjunto como fue el 24 de enero con el paro de la CGT, ese día se hizo una columna de ciencia y tecnología donde había personas que provenían de universidades, de distintos organismos, y movilizamos todos juntos detrás de una bandera para expresar un poco nuestra realidad como sector.

El sentido de la ciencia y la tecnología

-En conferencia de prensa, el vocero presidencial dijo que no se va a financiar la ciencia que hoy no aporta un beneficio directo a la sociedad. La pregunta es: ¿para qué y para quiénes debe servir la ciencia y la tecnología en Argentina?

La ciencia argentina tiene problemas que se presentan en muchos países periféricos y están ligados a que una parte de la producción científica no termina de aplicarse localmente. En este sentido, tenemos distintas causas para que esto ocurra y, sobre todo, distintas formas de actuar sobre eso. Indudablemente, la solución no es eliminar la ciencia y destruir aquello que no está siendo utilizado.

-Pero, ¿existe el nexo entre la producción de conocimiento y las necesidades económicas y sociales del país?

-Está presente en muchas instancias, no es que no exista en absoluto. Un caso paradigmático fue la respuesta que el sector científico dio a la pandemia de coronavirus. Había una demanda muy concreta que era resolver problemas vinculados a la atención sanitaria, una política muy clara del gobierno de hacer uso del sistema científico para responder a ese problema, y una parte muy importante de la comunidad científica se puso en marcha y dio respuestas muy concretas y efectivas. Entonces, creo que con políticas científicas que orienten la producción en función de las demandas sociales, económicas y ambientales de nuestro país, es posible que los frutos de la ciencia y la tecnología argentina sean muchos más destacados.

-¿O sea que lo que hizo hasta ahora, a excepción de la pandemia, carece de utilidad?

-No, esto no quiere decir que lo que hoy hacemos no sirva para nada. En Argentina se hace muy buena ciencia, el país tiene prestigio internacional y eso también construye las capacidades y la infraestructura sobre la cual luego uno puede hacer política científica.

-¿Cuál es el mayor peligro de esta época?

Estamos ante el riesgo de un cientificidio, que es la destrucción sistemática premeditada de la ciencia y la tecnología argentina. No es que luego viene otro gobierno que quiere tener ciencia, la financia y todo se levanta como antes. Las capacidades científicas y tecnológicas son acumulativas, es decir, requerís de todo un sistema funcionando. Donde ese sistema se va descomponiendo, desarticulando y rompiendo, las capacidades se pierden porque el recurso humano migró del país. Hay áreas enteras de conocimiento que no son accesibles a cualquiera en el mundo, y eso es producto de un sendero evolutivo de acumulación de capacidades que le permiten hoy a la Argentina, por ejemplo, tener tecnología nuclear.

-El país se destaca en un montón de disciplinas que hoy corren riesgo.

Son muy pocos los países en el mundo que tienen tecnología nuclear o aeroespacial como tiene Argentina. Además, cuenta con capacidades en el ámbito de la informática, biotecnología, farmacéutica y química, que son los sectores más conocidos por su relación con el sector económico. Pero también hay capacidades enormes en las ciencias sociales que nos permitieron, por ejemplo, hacer toda una reconstrucción de la memoria de nuestro país. En este sentido, se puede mencionar el trabajo que se hizo en torno a los desaparecidos con el Equipo Argentino de Antropología Forense que combinó capacidades de genética, historia y antropología, y hoy es un referente internacional en el tema.


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Nicolás Retamar

Redactor. Docente y licenciado en Comunicación Social.