Sergio Federovisky: “¿Le vamos a pedir a Argentina lo que no le pedimos a EEUU?”


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El viceministro de Ambiente de la Nación aborda las raíces del cambio climático, la falta de compromiso mundial y la ausencia de soluciones.

Sergio Federovisky es biólogo y periodista ambiental. Condujo el programa Ambiente & Medio y publicó cinco libros. Créditos: Argentina.gob.ar
Sergio Federovisky es biólogo y periodista ambiental. Condujo el programa Ambiente & Medio y publicó cinco libros. Créditos: El Diario AR

El Protocolo de Kioto, que se propuso por primera vez reducir la emisión de gases de efecto invernadero, es el fracaso más exitoso que hay en la historia de la diplomacia ambiental. Así de tajante y sin matices se expresa Sergio Federovisky, viceministro de Ambiente de la Nación. Biólogo especializado en ecología, Federovisky también es periodista ambiental. Además, publicó los libros El medio ambiente no le importa a nadie (2007); Historia del medio ambiente (2007); Los mitos del medio ambiente (2012); Argentina de espaldas a la ecología (2014) y El nuevo hombre verde (2018). En televisión condujo el programa Ambiente & Medio y realizó el documental Punto de no retorno. En la previa de la presentación de un nuevo informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), el referente advierte que las metas que el mundo se propone son “incumplibles” porque “no hay voluntad ni existe un plan concreto para realizarlo”.

-En los próximos días saldrá un informe del IPCC sobre mitigación del cambio climático. Usted en una entrevista reciente afirmaba que la economía va en una dirección muy distinta de lo que plantea el IPCC. ¿Existe una alternativa de desarrollo diferente a la actual?

-Es muy difícil de responder por sí o por no porque creo que es una opción falsa. Si la respuesta es no, entonces tenemos que organizar nuestro suicidio colectivo y aceptar que no tenemos un futuro como lo deseamos, porque estaríamos repitiendo el patrón de desarrollo del siglo XX que nos llevó hacia donde estamos. Cuando digo que no tenemos futuro como el que deseamos, me refiero a que habrá una sociedad mucho más desigual donde solamente van a poder aspirar a tener futuro, en un esquema tan adverso climáticamente, aquellos que tengan las posibilidades para pagarlo y adaptarse a esa nueva situación. 

-¿Y si la respuesta fuese sí?

-Sinceramente no veo indicios a nivel internacional por parte de los Estados líderes. No veo señales como para identificar que verdaderamente se estén cambiando patrones significativos. Lo que observo es una acumulación de planes, proyectos, pruebas piloto e intenciones que no terminan de modificar el modelo. Y si todos aceptamos que es el modelo el que nos trajo hasta acá, la pregunta es cuándo lo cambiaremos.

-¿Las consecuencias del cambio climático son otro rostro de lo que se denomina “deuda ecológica”?

-Podríamos decir que sí, pero sin maniqueísmo. La idea de que, como los países desarrollados lograron serlo con un modelo depredador de la naturaleza, nos habilita a los países en desarrollo a seguir ese mismo camino, parece justiciera pero inaplicable. Primero porque no es una idea propia del siglo XXI y segundo porque los límites ya están sobrepasados. Entonces, la deuda ecológica famosa me parece que es una buena postura ideológica, pero no tengo muy en claro si tiene incidencia en la práctica. De esta manera, me preocupa que se convierta en algo maximalista y que no dé territorio como para operar realmente sobre la realidad y modificarla. Si vamos a esperar la reivindicación histórica contra los países depredadores de la naturaleza, lo más probable es que no lleguemos a tiempo. 

-China y EEUU emiten alrededor del 40 por ciento de los gases de efecto invernadero.

-No solamente eso, sino que el 75 por ciento de esas emisiones se explican en cuatro bloques: Estados Unidos, China, India, Rusia y un poquito la Unión Europea. Estamos hablando que un puñado de países son los responsables de lo que ocurre hoy. Muchas veces digo que está muy bien que tengamos una autoexigencia en materia de lo que Argentina tiene que hacer respecto de la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, pero ¿le vamos a pedir al país lo que no le estamos pidiendo a Estados Unidos, China, Rusia, India y la Unión Europea?

-En ese sentido, ¿cuáles son las limitaciones que afronta Argentina? ¿Qué hay de la transición energética?

-La discusión ahí no es tanto práctica en cuanto a la contaminación real que produce Argentina sino que es un debate más vinculado a la ética. Si aceptamos que somos un contaminador bajo con alrededor del uno por ciento de las emisiones, sabemos que la reconversión en materia energética no va a generar un impacto positivo singular a escala global. Por lo tanto, lo único que puede justificar la promoción de esa transición energética es la ética, es decir, un país integrado en una ética del siglo XXI, que es la de un modelo de desarrollo con un grado de sustentabilidad distinto al del siglo XX. Ahora bien, eso no se puede hacer de un día para el otro, y tampoco se puede hacer ni en general ni en particular en un país que tiene más de un 40 por ciento de pobreza.

-¿Entonces qué se puede hacer?

-Lo que hay que plantear, y ahí creo que el Estado argentino tiene un retraso, es un modelo de transición concreto. ¿Qué significa la transición en Argentina? No lo sabemos, y creo que a eso hay que ponerle datos, metas, números y decir a qué tipo de matriz energética queremos ir, quién lo va a financiar, qué empresas lo van a llevar adelante y con qué subsidios. Todo eso hay que discutirlo, sino es simplemente discursivo. 


Sergio Federovisky

“¿Qué significa la transición en Argentina? No lo sabemos, y creo que a eso hay que ponerle datos, metas, números y decir a qué tipo de matriz energética queremos ir y quién lo va a financiar.”

— Sergio Federovisky, viceministro de Ambiente

-¿Existen alternativas reales para la matriz energética? 

-En realidad no sabemos cómo tiene que ser la transición energética. Sabemos a dónde tiene que ir, pero no se han planteado claramente procesos de transición claros. No hay país en el mundo que hoy tenga menos de un 70 por ciento de incidencia de los combustibles fósiles en su matriz. Nadie hizo una transición que pueda ser destacable en ese punto, y ahí es donde insisto. Nos debemos una discusión potente, seria y honesta respecto de cómo se logra el objetivo de la descarbonización si es que es un objetivo viable

-Planteaba que no es posible cambiar la matriz energética en un país como Argentina con una pobreza que ronda el 40 por ciento. ¿Cómo se vinculan en este sentido la explotación de los recursos naturales y la transición energética? 

-La viabilidad de los procesos de transición la va a dar el hecho de la recuperación económica. Si Argentina no tiene recuperación económica y no empieza a gestionar sus recursos naturales, de modo de empezar a resolver la deuda interna, no hay posibilidades de una transición energética o ecológica que sea posible. De lo contrario, la transición se realizará sobre las ruinas del país, y no parece tener mucho sentido eso. 

-Hay un slogan popular en los movimientos ambientalistas que es “no hay justicia social sin justicia ambiental”. ¿Qué piensa al respecto?

-Estoy de acuerdo, pero tampoco podemos proclamar la justicia social para pasado mañana a las 9 de la mañana. Tiene que ser un proceso y hay que fijarse metas para eso, porque de lo contrario estaríamos exhibiendo posiciones maximalistas incumplibles. No estoy diciendo que hagamos posibilismo, de ninguna manera. Lo que planteo es que tenemos que hacer un proceso verificable, realista y cumplible. Para eso, hay que tomar la decisión de ir en una determinada dirección. Las ONG tienen que aprender, lo digo con mucho respeto, de lo que ha pasado los últimos 30 años en el mundo. Se planteó sistemática y repetitivamente la obtención de objetivos en materia ambiental de los que no se cumplió ninguno.

-¿Y por qué no se cumplieron?

-Hay que revisarlo. ¿Solamente porque hay maldad en el mundo? No, básicamente es porque hay un modelo imperante y no se discuten las bases para modificarlo. Además, los procesos de transición son simplemente declamativos y se anuncia que para tal fecha vamos a llegar a tales niveles, pero eso nunca se cumple, porque no hay voluntad y tampoco hay un procedimiento para hacerlo cumplible.

-¿Y con respecto a los acuerdos, declaraciones, protocolos y demás reuniones entre países y empresas para mitigar los efectos del cambio climático?

-Yo estuve en Kioto cuando se firmó el protocolo, que es a mi juicio el fracaso más exitoso que hay en la historia de la diplomacia ambiental, porque todo el mundo lo recuerda como un suceso y fue un tremendo fracaso. Sin embargo, permanentemente se lo cita como un hito y fue algo que los Estados se comprometieron sabiendo que no iban a hacer. El protocolo de Kioto, que fue firmado en 1997 y entró en vigencia en 2005, establecía retrotraer las emisiones a 1990. Hoy a nadie se le ocurre plantear el descenso retroactivo de las emisiones. Hoy ni siquiera es cumplible un acuerdo como el de París que no fija estándares, exigencias y es solo de buena voluntad. Esto lo planteo porque tenemos que aprender del tremendo fracaso que han sido los últimos 30 años en materia de política ambiental en el mundo. 

-Así como lo cuenta, la meta de no aumentar más de 1,5°C la temperatura es incumplible. ¿Existe una meta cumplible?

-Las metas no son posibles o imposibles en sí mismas, las metas son posibles o imposibles de acuerdo a la decisión de cumplirlas. Por supuesto que hay metas incumplibles. Si yo digo “vamos a reducir el aumento de la temperatura de 5 a 0”, no se puede volver para atrás; pero hay metas que son cumplibles, el problema es que se enuncian sabiendo que no se van a cumplir. La meta de mantener el aumento de la temperatura alrededor de 1,5° C suena muy linda, es de alguna manera coherente con lo que plantea el IPCC, pero nadie dice como hacerlo. Por lo tanto, desde ese punto de vista ya es incumplible como meta.

-Bill Gates y Elon Musk, dos de las personas más ricas del planeta, están incursionando en tecnologías que mitigan el cambio climático. ¿Qué sentido adquiere la geoingeniería con estos nombres? ¿A qué intereses responden?

-Edgar Morin, un visionario en materia del deterioro ambiental, en un escrito de la década del 70’ decía que para cada problema ambiental existe un remedio tecnológico, pero que eso supone enmascarar el verdadero problema que es la relación anómala entre la sociedad y la naturaleza. Siempre que encuentres un remedio tecnológico, lo que vas a hacer es postergar la debacle, nada más. No es la tecnología la solución en sí misma, porque el deterioro va a seguir produciéndose. Por lo tanto, la tecnología puede resolver, ayudar, pero no va a ser la solución porque siempre el problema va a seguir manifestándose. La raíz del problema no es tecnológica, es socio ambiental. 

-En este contexto, el decrecimiento tampoco es una opción.

-Como planteo universal, claramente no. Pero, ¿alguna vez alguien planteó seriamente qué países, donde la explotación de los recursos y el consumo están apoyados en la lógica del derroche, debieran compensar el daño ambiental reduciendo ese derroche? Lo más lógico sería que esos países tengan consumos más acotados a que entreguen miles de millones de dólares en ayuda que no van a ningún lado y no resuelven el problema de fondo. Sin embargo, eso no se planteó nunca. En aquellos países, ese decrecimiento, entre comillas, sí está justificado. 

-Que no sería el caso de Argentina...

-Claramente no. No es el caso de América Latina y de países con profundas desigualdades internas. Si uno mira comparativamente los consumos energéticos per cápita de Estados Unidos o de países europeos contra Latinoamérica, se da cuenta lo que es el derroche. 


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Nicolás Retamar

Redactor. Docente y licenciado en Comunicación Social.