La ONU reconoce el acceso a un ambiente limpio y saludable como un derecho humano


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La resolución exige a los Estados, las empresas y organizaciones que intensifiquen sus esfuerzos para garantizar un ambiente sano. La situación en Europa y Latinoamérica.

Marcha ambientalista en Argentina. Créditos: Guido Ieraci / ANCCOM
Marcha ambientalista en Argentina. Créditos: Guido Ieraci / ANCCOM

El cambio climático es, quizás, el tema más urgente –y preocupante– del que deben encargarse los gobiernos del mundo. Con 161 votos a favor, ocho abstenciones y ningún voto en contra, la Asamblea de la ONU reconoció como derecho humano el acceso a un ambiente sano, limpio y sostenible. El texto señala que el impacto del cambio climático, el uso insostenible de los recursos naturales, la contaminación del aire, tierra y agua, la gestión inadecuada de los productos químicos y residuos, y la consecuente pérdida de biodiversidad interfieren en el disfrute de este derecho. Asimismo, los daños ambientales tienen implicaciones negativas para el goce efectivo de todos los derechos humanos. ¿Será este el puntapié para que los gobiernos finalmente tomen cartas en el asunto? ¿Cuánto más la humanidad dejará que se caliente el planeta Tierra?

En las últimas semanas, los fenómenos causados por el cambio climático son la principal noticia de los medios de comunicación. Europa es arrasada por un extremo calor: Reino Unido e Italia superaron la barrera de los 40°C y España y Portugal alcanzaron más de 1.700 muertes por las altas temperaturas. Además, en el viejo continente, los gobiernos impulsaron nuevamente el uso de combustibles fósiles a raíz de la crisis energética que se produjo por la guerra Rusia-Ucrania

En este marco, Carolina Vera, investigadora principal del Conicet en el Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera, explica a la Agencia de Noticias Científicas de la UNQ: “Desde el inicio de la era industrial, la temperatura del planeta ha aumentado en 1.1º. Es normal que haya olas de calor y de frío en el hemisferio correspondiente porque así funciona el planeta. Sin embargo, la emisión de gases de efecto invernadero producidos por los humanos alteran el clima”.

Vera explica que la utilización de combustibles fósiles, como el petróleo y el carbón, es el principal sustento de la producción energética en el mundo y el principal responsable del cambio climático producido por la actividad humana. En ese sentido, las olas de calor son más largas e intensas y las lluvias más abundantes y violentas. Asimismo, en algunas regiones, como Latinoamérica, aumentaron las sequías y las condiciones meteorológicas –sequedad de los suelos y vientos– para que se den los incendios.

La crisis hídrica en Latinoamérica

En la región de América Latina y el Caribe, la visión no es más optimista. Al respecto, la Organización Meteorológica Mundial presentó un informe que demuestra el agravamiento de la deforestación, las sequías y el deshielo.

Allí se muestra que Chile se posiciona a la cabeza de la crisis hídrica en la región con una sequía en la zona central que va por su decimotercer año y es la más prolongada ocurrida en el último milenio. Además, las tasas de deforestación en la región fueron las más elevadas desde 2009, los glaciares andinos perdieron más del 30 por ciento de su superficie en menos de 50 años y el nivel del mar subió a un ritmo más rápido que a escala mundial.

Urgencias

En este contexto, la decisión de la Asamblea de la ONU de reconocer un medio ambiente sano como derecho humano es más que importante. Más urgente resulta que haya un cambio estructural de la sociedad para que el cambio climático pueda revertirse.

Tal como plantea el relator especial sobre Derechos Humanos y Medio Ambiente, David Boydtener, “un derecho a un medio ambiente sano cambia la perspectiva de la gente, que pasa de rogar a los gobiernos a exigirles que actúen”. En suma, Vera afirma: “Si se reducen los gases de efecto invernadero y si se capturan aquellos gases que están en la atmósfera, la temperatura va a bajar. Además, existen tecnologías que nos permiten reducir las emisiones, como la utilización de energías renovables. El problema ya no es físico ni tecnológico, sino social, político, cultural y económico: se requiere un gran cambio en los modos de producción y de consumo”.


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Luciana Mazzini Puga

Licenciada en Comunicación Social e investigadora de la ficción en la televisión estatal (UNQ)